Turismo frenético y convivencia en el espacio público

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Andalucía batirá su record de turistas en 2017. Hace una semana, la presidenta Susana Díaz calificaba de “dato histórico” el hecho de que la Comunidad vaya a superar la barrera de 29 millones de turistas en el año en curso (http://www.diariodesevilla.es/economia/Andalucia-cerrara-millones-turistas-cifra_0_1188481777.html). La noticia coincidía en el tiempo con una nueva serie de actuaciones del Ayuntamiento de Sevilla contra la ocupación ilegal de la vía pública por parte de establecimientos de hostelería en el barrio de Santa Cruz (http://elcorreoweb.es/sevilla/el-ayuntamiento-ultima-un-plan-de-actuacion-en-el-barrio-de-santa-cruz-HD3511779). A nadie se le escapa que una buena parte de esos visitantes que anunciaba la presidenta llegan a Sevilla, y que Santa Cruz es el destino turístico por excelencia de la ciudad, fuertemente tematizado y prácticamente abandonado a esta actividad.

Sin embargo, la ocupación con veladores del espacio libre urbano, sobre todo en el casco histórico de Sevilla y relacionado con el modelo de turismo frenético actual, no se restringe a Santa Cruz. En los últimos años, con la progresiva apertura de restaurantes y bares, han ido apareciendo cada vez más mesas, sillas, sombrillas y toldos privados en el espacio público. En nuestros barrios son reseñables los casos de la Alameda de Hércules y la plaza de Calderón de la Barca, a la espalda del mercado de la Feria, cuya transformación de mercado de abastos a bar gourmet también es alarmante.

En la tradición de la ciudad mediterránea, el uso del espacio público siempre ha sido intenso, y Sevilla no es una excepción. Lo que no es excusa para privatizar y restringir sistemáticamente el acceso y disfrute de este espacio por parte de todas con una invasión de terrazas de establecimientos hosteleros. El espacio público no es solamente físico, se trata de una parte fundamental de la ciudad donde nos relacionamos, que construimos todas las personas día a día, vecinas y usuarias temporales. Como en cualquier tema, existen matices. Si bien no se trata de oponerse frontalmente a la presencia de veladores -lo que constituiría perder parte de la identidad urbana de las calles y plazas de Sevilla-, sí es importante poner en cuestión la masificación del negocio con el espacio común, defendiendo su carácter público.

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