La cara oculta de Airbnb

Sevilla, 11 de mayo de 2021.

La publicidad puede aparecer en Facebook, como en este caso, o en cualquier otra red social que usan millones de personas cada día. Aunque la forma de comunicar difiere, el mensaje es siempre el mismo: Airbnb cumple un propósito social porque ayuda a las personas ofreciendo unos ingresos extra. Desde que comenzamos a movilizarnos contra el impacto de los alquileres turísticos, contra el negocio de Airbnb, la multinacional ha invertido millones en generar una narrativa favorable a sus intereses. El anuncio, que habla de Barcelona pero bien podría ser Sevilla, es realmente llamativo porque trata de hacer frente a la evidencia que venimos denunciando desde hace ya unos años, y que han puesto de manifiesto diferentes estudios científicos aquí y allá. El rápido crecimiento de los alquileres turísticos en los centros urbanos, como en Sevilla, está echando a la gente de sus viviendas. Gota a gota, vecina a vecina, las viviendas se convierten en negocio. Al paralizar la economía, la pandemia ha ralentizado el proceso, pero sabemos no se ha detenido, y las evidencias están a la vista en la cantidad de hoteles en construcción y obras en edificios del centro. Las previsiones de recuperación económica son cada vez más positivas, sobre todo para el turismo. El momento del anuncio es un buen ejemplo, como también el contenido: Airbnb no echa a las vecinas de sus casas, si no que le da una oportunidad precisamente para “no dejar sus barrios”. Claro que, si no existiera Airbnb, no harían falta ingresos extra, porque el casero no querría subirles el alquiler, o la propiedad no hubiese vendido su edificio a un fondo de inversión, o ni siquiera esa familia se estaría planteando vender su casa sin haber terminado de pagar la hipoteca porque el ruido y la inseguridad que les provoca el piso turístico en frente de su puerta no existiría.

Airbnb miente. No solamente porque son parte del problema y no de la solución. Si no porque su modelo de negocio no está orientado a que vecinos complementen sus ingresos alquilando una habitación en su casa o una segunda residencia. Un reciente informe del profesor Luke Yates de la Universidad de Manchester pone de manifiesto que la mayoría de los anuncios son de empresas profesionales. Airbnb lo sabe, y sus millones para su lavado de cara se reparten entre la publicidad y los clubes de anfitriones. Estos son grupos de propietarios, normalmente asociaciones de personas que alquilan una habitación en sus viviendas, que Airbnb financia directa o indirectamente y ayuda a organizarse, aconsejando cómo relacionarse con otras asociaciones o actores políticos para que los intereses de la empresa aparezcan como intereses generales en el debate público. Su acción se centra en la presión contra cualquier tipo de normativa que Airbnb considera desfavorable, como ha ocurrido recientemente en Sevilla, aunque los grupos de anfitriones también buscan relacionarse con otros colectivos y personas con intereses en el sector turístico e inmobiliario. En el resumen del informe, que se puede consultar aquí, se describe a los grupos de anfitriones como auténticos lobbies, no de la forma tradicional que conocíamos hasta ahora, con traje de chaqueta y buenos modales, si no de una manera más rebuscada y sigilosa. La cara oculta de Airbnb es enorme y vergonzosa. Que no te engañen, la economía colaborativa no existe, es el mismo capitalismo voraz de siempre con una cara amable y un traje a la última moda.

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