En tiempos de crisis toca reflexionar

Sevilla, 2 de junio de 2020.

El Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla ha entrado en una fase de reflexión. En realidad, nunca hemos dejado de pensar en las causas y consecuencias del turismo en nuestra ciudad. Pero ahora se hace más necesario que antes, cuando el proceso turistificador contra el que nos posicionamos y actuamos se ha interrumpido abruptamente. 

El impacto del desenfreno turístico en Sevilla era doble. En las zonas centrales, se ha expulsado al tejido social más vulnerable, vecinas o comercios tradicionales, y se ha convertido la ciudad en un parque temático donde la vida era cada vez más cara e insoportable. En la periferia, particularmente en los barrios donde viven los trabajadores que prestaban esos servicios al turismo, el Ayuntamiento tiene una política que oscila entre la indiferencia y la dejadez. La interrupción del flujo turístico ha supuesto otro problema en estas zonas: el trabajo. Comprendemos y nos solidarizamos con las personas que dependían del sector turístico, en muchas ocasiones haciendo horas extra que no están pagadas o cobrando su salario total o parcialmente en negro, mientras la exigencia del empresario y los clientes era máxima. La interrupción del turismo es la interrupción de los ingresos para muchas familias, y esta es una situación que nos preocupa y que es central en este momento de reflexión.

Aunque no tenemos respuestas para todo, sí hay unas cuestiones que son evidentes. La dependencia del turismo en Sevilla, y Andalucía en general, es enorme. Y las administraciones públicas quieren que siga siendo así, como evidencian las propuestas como el Plan 8 en el caso municipal o las reformas de normas urbanísticas y turísticas de la Junta de Andalucía en plena pandemia. La insistencia en el mismo modelo turístico en un momento en el que nadie sabe cómo será el mundo dentro de un mes es un grave error. Además, el turismo no es una industria que esté fijada al territorio, como una explotación agrícola o fabril, sino que su “producción” fluctúa según la decisión o la posibilidad de unas personas en el norte de Europa de pasar aquí sus vacaciones. El turismo es volátil y nos hace vulnerables, como se demuestra ahora. Esto no quiere decir que el modelo a seguir sea exclusivamente el sector primario o secundario, aunque sí habría que repensar de dónde viene esa especialización en el turismo que ahora ahoga a muchas familias, y plantear la necesidad de diversificar la economía, como precisamente apuesta el Plan de Choque Social de Andalucía. Como colectivo, nos hemos unido a su manifiesto.

Las propuestas del este Plan de Choque son interesantes, aunque cabe mejorarlas y ampliarlas. Entre los retos que tenemos identificamos el decrecimiento turístico, sin que eso suponga que sólo la capa de la población más privilegiada pueda viajar. Porque el derecho al turismo no existe si solamente lo pueden ejercer unos pocos. De la misma manera, los beneficios del turismo, que se apoya en nuestro caso en un bien común como es la ciudad, deben redistribuirse de forma igualitaria. Esto significa puestos de trabajo con todas las garantías laborales y salarios más justos. Estas son algunas ideas que deben materializarse en propuestas concretas, sobre las que venimos debatiendo. Para ello, te invitamos a que participes en nuestro proceso reflexivo, aportando tu experiencia sobre cómo te afectaba la turistificación, su abrupta interrupción, y/o propuestas concretas para un necesario cambio de modelo. Recopilaremos todas las aportaciones que nos lleguen y trabajaremos en común sobre posibles futuros que tengan en cuenta principios y sensibilidades sociales al mismo nivel que el lucro económico.

La red SET ante el COVID-19 y sus consecuencias

Desde el Sur de Europa, 28 de abril de 2020.

La red SET nace en 2018 de la voluntad de elevar una voz colectiva de resistencia frente al proceso de turistización que sufre el sur de Europa. Actualmente formada por 25 nodos de ciudades y regiones europeas, reivindica la necesidad de construir nuevos escenarios de economía y de vida.

En la actual emergencia ligada al Covid-19 urge un cambio de paradigma en nombre de los derechos sociales fundamentales y en apoyo a la población más vulnerable. Dirigimos por ello nuestra solidaridad a las personas que están pagando las consecuencias de un sistema económico que genera desigualdades que ahora se ven amplificadas. Esta pandemia pone en evidencia la necesidad de tejer fuertes sinergias y avanzar en reflexiones y propuestas concretas sobre el derecho a la vivienda y a la ciudad, a la salud y al medio ambiente, contra la precarización y la mercantilización de la vida y los lugares.

Llevamos tiempo denunciando los graves impactos de la actividad turística masiva en nuestras ciudades y barrios, de una industria extractiva que privatiza los beneficios y externaliza los costes, generando además enormes daños ambientales. La economía turística utiliza complejas y perversas cadenas: en un extremo encontramos grandes operadores (plataformas digitales, multinacionales, fondos de inversión, sociedades inmobiliarias, etc.) que se mueven por intereses especulativos y lógicas del beneficio, en el otro una gigantesca mole de fuerza de trabajo precarizada, explotada y sin garantías ni derechos. El incremento del turismo ha generado en ciudades y territorios una fuerte precarización del acceso a la vivienda. Incontables edificios han sido sustraídos del parque residencial y convertidos en pisos turísticos y hoteles. Los precios del alquiler y la vivienda han aumentado de manera desmesurada, provocando la expulsión de muchas vecinas y vecinos de sus barrios.

Hoy, en plena emergencia Covid-19, mientras las instituciones y los medios piden que nos quedemos en casa, las desigualdades se hacen aún más evidentes, dejando completamente al margen a quien no tiene casa. Expresamos por tanto nuestra solidaridad a las personas y familias desahuciadas, a quienes habitan en casas que no garantizan una vida digna, a las personas sin hogar. Por ello promovemos y apoyamos iniciativas que favorezcan la función social del patrimonio inmobiliario, tanto público como privado, destinando el alojamiento turístico (hoteles, hostales, pisos turísticos, etc.) a quien lo necesita.

Esta situación, además, visibiliza hasta qué punto la gentrificación y la turistización han mermado y debilitado las redes de apoyo mutuo de diversos barrios, instrumentos imprescindibles para hacer frente a esta emergencia y a sus derivadas. Agradecemos a las personas que, para garantizar servicios fundamentales, están exponiéndose a sí mismas y a las que las rodean al riesgo de contagio. A quien alimenta la solidaridad y la cooperación manteniendo vivas las relaciones comunitarias, así como a las trabajadoras y trabajadores del comercio de proximidad.

La difusión global del coronavirus, facilitada por una hipermovilidad sin precedentes, ha puesto aún más de relieve los límites y las desigualdades del sistema capitalista. Entre los efectos de este modelo de explotación depredadora, ahora podemos palpar el riesgo epidémico provocado por los desequilibrios ecológicos que se derivan de una relación abusiva entre la especie humana y el entorno que daña a ambos. Las restricciones de los últimos meses han producido una significativa reducción de la contaminación -debida en parte a la drástica disminución del tráfico aéreo y de cruceros-, pero se trata tan sólo de una mejora temporal a costa de un gran sufrimiento social. No responde a un cambio estructural necesario y perdurable en el tiempo. Todo ello nos dice que no podemos seguir alimentando la injusticia social y la emergencia climática, ni continuar con el consumo ilimitado de bienes, recursos y territorio.

Es tiempo de reformular la economía para que produzca servicios y bienes esenciales para toda la población, y no para unos pocos. Es tiempo de construir un sistema económico equilibrado y diversificado, centrado en el decrecimiento, compatible con la vida y con el planeta. Compartimos por ello la necesidad de elaborar propuestas desde abajo y exigimos a los gobiernos e instituciones que las integren en políticas a medio y largo plazo, articulando los diferentes niveles institucionales (internacional y local) con medidas estructurales a favor de las personas, no de las grandes empresas.

Esto se traduce, en el ámbito turístico, en una serie de medidas que consideramos imprescindibles para abordar una transición socio-ecológica a un nuevo modelo económico que corrija la hegemonía turística:

  • No rescatar el sector turístico agravando la deuda pública, y en cambio proyectar su decrecimiento, mediante políticas de bienestar que protejan a las capas sociales y laborales más vulnerables y el medio ambiente.
  • Revisar urgentemente el gasto público para que responda a las necesidades primarias de la población (hospitales, vivienda pública y social, escuelas, etc.) en lugar de financiar costosas y dañinas infraestructuras y grandes obras (ampliación de puertos y aeropuertos, etc.).
  • Proteger a la población de la especulación inmobiliaria reduciendo drásticamente el número de pisos turísticos para devolverlos al parque de vivienda de alquiler, así como adoptar medidas que impidan al circuito financiero global depredar territorios, ciudades y barrios.
  • Implementar medidas que internalicen los costes y redistribuyan los beneficios del turismo.
  • Adoptar políticas de promoción de otros sectores productivos -viejos y nuevos- que garanticen puestos de trabajo dignos y coherentes con el desarrollo de la cultura y de la investigación ambiental.

Nos unimos a todas las personas que promueven espacios de debate en esta dirección, y nos implicamos en la construcción de un camino colectivo para la definición y concreción de propuestas operativas, para que una vez superada esta crisis no se vuelva a la normalidad a la que estábamos acostumbradas, sino que se avance hacia una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. Sólo así irá todo bien.

Se confirma: la turistización es un grave problema

Sevilla, 3 de abril de 2020

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Fotografía de Lara Santaella

Durante los casi tres años de vida de este colectivo, uno de nuestros objetivos principales ha sido alertar sobre el crecimiento descontrolado del turismo y sus efectos en nuestros barrios, nuestras vidas y nuestros cuerpos. La turistización se ha abierto paso en el debate, cada vez menos como un proceso aislado y más como una consecuencia real de un modelo injusto que ha expulsado a personas de sus casas, ha olvidado a la periferia o ha precarizado el panorama laboral en la ciudad. La turistización es el resultado lógico de políticas que tienen un mismo objetivo: aumentar las cifras de visitantes. El turismo ha dejado de ser un recurso económico más para convertirse en el único recurso económico. En un contexto de pandemia mundial y crisis, el monopolio de la actividad turística como única fuente de ingresos, la turistización de la economía andaluza y sevillana también es un problema.

Desde CACTUS siempre hemos planteado un debate abierto sobre el modelo socio-económico que se estaba construyendo. A pesar del desdén de unos, y las etiquetas de ‘turismofóbicos’ que nos ponían otros, siempre hemos defendido que no estamos contra el turismo, sino contra el modelo que se estaba generando y sus efectos. Somos conscientes de que muchxs trabajadorxs viven del turismo en nuestra tierra. Por eso, cuando Andalucía y en especial Sevilla lidera las cifras de destrucción de empleo, que en gran parte ya era precario o en negro, por no hablar de los contratos que se han dejado de firmar, la reflexión sobre el modelo se hace más necesaria que nunca. La turistización se ha hecho pasar como un objetivo de interés general, sin tener en consideración la desigual distribución de los beneficios entre los territorios y las personas, y es que el enriquecimiento de algunos es a costa del empobrecimiento de otros. Esta dinámica de explotación la conocemos bien en Andalucía. A día de hoy, tras tres semanas de confinamiento, no están en la misma posición el ejecutivo de la cadena hotelera o el propietario de varias viviendas convertidas en Airbnb, que la guía turística o la camarera de un bar. El gobierno incide en que saldremos todos juntos de la crisis, pero no, todo el mundo no va a salir de la misma forma.

Precisamente ahora, cuando creemos que es más necesaria que nunca esta reflexión, asistimos con perplejidad a la aprobación de leyes para facilitar la inversión en turismo de la Junta de Andalucía, o el anuncio de un plan turístico para lo que queda de año del Ayuntamiento de Sevilla. No sabemos cómo va a ser el mundo de aquí a un mes, y ya están pensando en volver a la misma senda. No se han enterado que la industria turística no existe, porque no tenemos fábricas ni transformamos una materia prima en un producto elaborado. No generamos dinero, lo exportamos del Norte de la península o de Europa cuando vendemos nuestra ciudad, costumbres y patrimonio. No hemos cerrado la fábrica para frenar el contagio, la han cerrado los que tienen el dinero, que han dejado de visitarnos, sacando a la luz con ello la gran vulnerabilidad a la que se expone una economía basada casi exclusivamente en el turismo. Esto provoca una doble dependencia para lxs trabajadorxs del sector: de su empleador y de los visitantes. Estamos cansadas de esta situación, por eso hacemos un llamamiento a repensar nuestro modelo económico general, a replantear cómo se reparte la riqueza entre territorios y a imaginar colectivamente una economía que tenga por objetivo mantener, enriquecer y colocar la vida de todas nosotras en el centro.

CACTUS alerta sobre el grave daño social y ambiental del nuevo decreto de la Junta de Andalucía

El turismo continúa creciendo en Andalucía, concentrado en localidades del litoral y, de forma cada vez menos estacional, en las principales ciudades andaluzas, entre ellas Sevilla. La actividad turística es la principal fuente de ingresos para la economía andaluza, eso sí, distribuida de forma profundamente desigual entre personas y territorios. El turismo es también una debilidad, puesto que dependemos de factores externos, como la expansión del coronavirus potencialmente puede demostrar. Pero antes de esta crisis de salud pública, los principales espacios turísticos de Sevilla ya se encontraban en crisis: pérdida de identidad, desmantelamiento del comercio minorista tradicional, apropiación privada del espacio público con veladores, aumento de la contaminación, etc. El nuevo marco regulador anunciado por la Junta de Andalucía profundiza en esta crisis.

Uno de los principales problemas de los centros urbanos ha sido la proliferación de las llamadas «viviendas con fines turísticos», provocando el aumento de los precios del alquiler y expulsando a vecinas y vecinos. Con las medidas anunciadas por la Junta de Andalucía, la apertura de estos alojamientos se hace más sencilla. Las obras menores que la mayoría de inmuebles necesitan para adaptarse al uso de alquiler turístico ya no requerirán de licencia urbanística, es decir, no habrá un funcionario municipal que revise el proyecto de obra a priori, sino que se hará a posteriori, con una declaración responsable. Esto significa que los ayuntamientos pierden el control sobre cómo se transforma la ciudad, siendo más fácil para los inversores convertir viviendas en alojamientos turísticos.

La reforma legislativa también abarca a las licencias de ocupación, un requisito indispensable para poder explotar una vivienda como negocio. Todos los cambios simplifican los plazos para transformar el espacio residencial en turístico, con el impacto que tendrá en las comunidades locales en zonas centrales, que se suma al creciente abandono de barrios periféricos. Además, se liberalizan los horarios en zonas de gran afluencia turística, donde el comercio minorista y familiar va a tener todavía más complicado sobrevivir. El gobierno autonómico promueve la economía especulativa y se olvida de las necesidades de las personas que habitan la ciudad.

Los discursos economicistas sobre el emprendimiento se fundamentan en principios como las soluciones creativas e innovadoras, especialmente en tiempos de crisis. Sin embargo, los regidores de la Junta de Andalucía han optado por desoír sus propios principios. En lugar de apostar por la diversificación de la economía, apuestan por más turismo, agrandando la dependencia a una industria que justo en estos momentos se está demostrando profundamente volátil. En lugar de afrontar la creciente burbuja inmobiliaria, en gran parte asentada en una burbuja del alquiler a la que contribuye el turismo, apuestan por alimentar esa dinámica. En definitiva, en lugar de gobernar para las personas, lo hacen para las empresas, condenando a la precariedad y al sufrimiento a miles de familias en toda Andalucía.

Se acaba 2019: hacemos balance y ampliamos horizontes

Sevilla, 30 de diciembre de 2019

Cuando un año se cierra, se suele hacer balance. Todavía más si lo que clausuramos es una década. CACTUS tiene un par de años de vida, pero parece que han sido muchos más. Comenzamos 2019 con la organización del ESTAR junto a gente muy bonita de distintos colectivos y asociaciones, con las que todavía estamos en contacto y enredamos aquí y allá. El encuentro tuvo lugar en abril, programado como contra-cumbre al macro evento de la patronal turística mundial en Sevilla, y fue un subidón de alegría y organización vecinal. El proceso de organización y creación de redes colectivamente fue un aprendizaje inmenso. Además, nos acompañaron compañeras de colectivos de la red SET (Sur de Europa ante la Turistización) venidas de lugares tan diversos como Barcelona, Donostia, Lisboa o Venecia, entre otros tantos. Aprendimos y avanzamos sobre qué es esto de la turistización, cómo nos afecta y de qué formas podemos hacerle frente. Tras el subidón del ESTAR, continuamos con nuestra actividad, sin prisa, pero sin pausa. Colaboramos con iniciativas afines y participamos en la marcha por el Clima, organizamos el I Festivalito de Docus y seguimos tejiendo saberes con otros colectivos. En especial, nos sentimos orgullosas de haber puesto nuestro granito de arena al proyecto del Sindicato de Inquilinxs de Sevilla, tan necesario en la ciudad.

Sin embargo, pese a todos estos avances, la turistización nos sigue comiendo por los pies. La previsión de las administraciones es que se vuelva a batir el récord de personas que nos visitan, guiris, mesetarians o de donde vengan. Porque pueden venir de todos lados, menos de zonas de conflicto en África o Asia: entonces no son extranjeros, son inmigrantes, y si encima son niños solos, les ponemos una etiqueta que los despoja de su condición humana. En realidad, no debe sorprendernos en un mundo en el que el turista se mide como fuente de ingresos. Y ojo, en todo este sarao, al final el turista no es únicamente el responsable, sino el sistema que está montado en torno a él. Porque llegan más de 3 millones de visitantes y dejan [ponga aquí la cifra que quiera] millones de euros, pero… ¿dónde se los gastan? ¿en qué bolsillos quedan? ¿Cómo revierte ese supuesto beneficio en la ciudad, en nuestras vidas? Ah, no hagan tantas preguntas.

2019 también ha sido año electoral. Del lío de Madrid no nos apetece pronunciarnos. Del que tenemos en casa, sí. El alcalde (¡por fin!) parece una mijita más atento a la cuestión turística que en los últimos cuatro años. Bienvenida sea la preocupación, más vale tarde que nunca. Un primer paso ha sido crear el índice de presión turística, una herramienta útil porque nos dice cuántas viviendas son turísticas en cada barrio de Sevilla respecto al total. Aplaudimos la iniciativa, aunque ojo: los datos que se toman son las viviendas turísticas reguladas, inscritas en el registro de la Junta de Andalucía. Según nuestros cálculos, que no pueden ser totalmente exactos porque fluctúan, las viviendas turísticas reguladas oscilan entre el 60 y el 70% de la oferta total. El número de pisos turísticos que opera sin licencia ha decrecido en los últimos meses, pero sigue siendo elevado, como muestran los datos de los proyectos colaborativos InsideAirbnb o DataHippo. Por cierto, que la herramienta de Emvisesa también muestra la inflación que hay en el precio de oferta de alquiler en toda la ciudad. No nos extraña, teniendo en cuenta que la fuente de esta estadística son los datos del portal inmobiliario Fotocasa, y ya sabemos que ellos son los más interesados en que los precios se mantengan altos, para que sus ingresos sean mayores.

En medio de este nuevo boom inmobiliario y sus consecuencias para encontrar una vivienda digna con un alquiler asequible, nos enteramos que en un par de días cierran la taberna de Corto Maltés en la Alameda. Justo un año después de que cerrara el bar Aguilar, y unos meses más tarde que el cine Alameda. En un goteo incesante, perdemos los pocos espacios de sociabilidad que a lxs sevillanxs nos quedan en el centro. En el caso particular del Corto resulta sangrante porque les quintuplican el alquiler. Seguramente la propiedad ya tiene un proyecto de restaurante cool y/o franquicia para el local, sino lo convierten en un piso turístico, claro. La rabia y la indignación han corrido por las redes sociales, como en los casos anteriores, y aplaudimos la concentración de hoy y los bailoteos posteriores, porque la reivindicación no está reñida con la alegría. Ahora, también os proponemos que canalicéis esos sentimientos a través de la organización social. Por eso, a la vez que hacemos balance, os animamos a que os suméis a CACTUS en este 2020 que se viene igual de combativo, lleno de proyectos y propuestas que pronto verán la luz. Y si no podéis o no os apetece veniros con nosotras, hacedlo en vuestra asociación de vecinxs, en el Sindicato de Inquilinxs o en cualquier otro colectivo que tengáis a mano. Porque como dijimos en el ESTAR, los barrios son nuestros, y solo podremos resistir en lo común.

I Festivalito de Docus: esto es el wild wild west inmobiliario!

¡Ha llegado el primer Festivalito crítico de documentales europeos! Especulación inmobiliaria y modelo turístico: el tema de esta primera edición. ¡No te lo pierdas!
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Entrada gratuita.
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La pobre muchacha se pregunta cuándo ha perdido la ciudad y por qué ya no se siente parte de ella. Estos dos documentales nos acercan a los casos de Mallorca y Lisboa, dos lugares en explosión turística y dos relatos con contrarelatos de cada modelo que nos hará cuestionarnos a quién beneficia esta industria y qué consecuencias tiene para nuestra vida.

¿Qué hacer si el turismo llama a mi puerta?

DECALOGO CONTRA LOS DESALOJOS

Hace casi tres lustros, la antigua Liga de Inquilinos ‘La Corriente’ sacó un decálogo con consejos legales y ciudadanos para hacer frente a los desalojos de inquilinxs que se venían produciendo. Junto a compas de El Topo Tabernario hemos visto adecuado actualizar ese decálogo ante la nueva ola de desalojos, esta vez debido no solo a la gentrificación, sino a la turistificación de nuestros barrios. Por ello, lo dejamos aquí en versión digital y también en versión PDF, para que podáis compartirlo, imprimirlo o incluso colgarlo por las calles de la ciudad.