Pisos turísticos: medidas más eficaces por el derecho a la vivienda en Sevilla

La falta de control en la expansión de los alojamientos turísticos en la ciudad obvia una vez más que la vivienda es un derecho humano al que debe tener acceso toda la ciudadanía, y no una mercancía altamente rentable en el mercado global.El uso residencial de las viviendas se ve totalmente desnaturalizado cuando estas son usadas como alojamientos turísticos, como negocios. Esto tiene efectos negativos directos sobre el derecho a la vivienda. Además altera la vida pública de la zona afectando profundamente a los criterios de la planificación urbanística que deben velar por equipamientos públicos y espacios libres por habitantes. El negocio de las mal llamadas viviendas con fines turísticos (VFT), vivienda solo puede ser donde se vive, está cada vez más controlado por empresas gestoras, fondos de inversión e inmobiliarias que especulan con un bien de primera necesidad. Esto dificulta el acceso de la población a una vivienda digna y asequible (art. 47 CE), al reducir considerablemente la oferta y, consecuentemente, aumentar el precio del alquiler. La implantación descontrolada e ilimitada de pisos turísticos provoca la expulsión del vecindario con menos recursos a otros lugares de la ciudad y la despoblación en las zonas más tensionadas, donde la falta de residentes afecta al comercio de proximidad y bienes básicos y a la convivencia de su tejido social.

La Covid-19 ha limitado la llegada de turistas a la ciudad, pero también ha dejado ver las debilidades del modelo turístico actual.No hay motivos para pensar que cuando la movilidad nacional e internacional se recupere los efectos negativos de la falta de regulación de estos usos turísticos de viviendas vayan a desaparecer. Por eso, es muy necesaria la redacción de una normativa reguladora amplia y garantista para los vecinos y las vecinas de Sevilla, con especial atención en el inquilinato, el pequeño comercio local y las comunidades vecinales. La sentencia 1.550/2020 del TS avala ampliamente la legitimidad y las competencias de los Ayuntamientos de proteger el derecho al acceso a la vivienda y proteger sus usos residenciales. Ya sea dentro de la normativa urbanística o en una ordenanza municipal específica, las medidas propuestas para la regulación de los pisos turísticos en estos sentidos son:

  1. Paralización en la concesión de nuevas licencias de alojamientos turísticos hasta que la nueva regulación entre en vigor.
  2. Protección de los suelos calificados como uso residencial en el PGOU para evitar que el negocio de los pisos turísticos los desplace. Los suelos residenciales no deben ser destinados a otros usos.
  3. Creación de unos índices públicos y debidamente actualizados, al menos semestralmente, incluyendo la oferta no registrada, que muestren los niveles de presión turística por zonas de la ciudad. Además, publicación abierta del registro de alojamientos turísticos.
  4. Planificación y regulación especial por zonas acotadas de la ciudad según su nivel de presión turística. Declaración de zonas saturadas en las áreas con mayor presión (niveles de saturación de usos terciarios-turísticos por habitante, densidad de negocios turísticos, pérdida de viviendas, incremento del precio de alquiler de viviendas y de locales comerciales, descenso de población y comercio tradicional, etc.).
  5. Prohibición de concesión de licencias de alquiler turístico y hoteles en las zonas saturadas. Puesta en marcha, en estas zonas, de planes orientados a la reducción de la presión turística y de recuperación de la vecindad.
  6. Establecimiento de un límite de días máximos en los que una vivienda puede ser alquilada con fines turísticos. De 30 a 90 días anuales dependiendo de la presión turística de la zona.
  7. Limitación del número de licencias por propietario de vivienda, empresas gestoras y fondos de inversión. Han de adoptarse medidas que frenen la acumulación inmobiliaria.
  8. Las licencias de alojamiento turístico tendrán carácter temporal y deberán ser revisadas y/o renovadas cada año. Así la Administración Pública se reserva la posibilidad de modificar o actualizar las normativas aplicables. Además, se evita que la alteración del uso residencial fuese definitiva y se descentivaría la especulación con las licencias.
  9. La normativa municipal debe reforzar la facultad de las comunidades de propietarios y propietarias en cuanto a la autorización y control de la instalación de negocios turísticos en sus bloques. En este sentido, será requisito imprescindible para la concesión de la licencia, el acuerdo de los propietarios o propietarias verdaderamente residentes en la comunidad, así como de las familias convivientes en régimen de alquiler.
  10. Limitación y restricción del uso de las zonas comunes de los edificios de forma que no perjudique la vida cotidiana de la vecindad.
  11. En los anuncios (tanto particulares como  en plataformas) de los alojamientos turísticos deberá aparecer obligatoriamente el número de registro de licencia, para facilitar el control a las administraciones sobre los alquileres ilegales.
  12. Establecimiento de un régimen sancionador (al propietario y a la plataforma de anuncios) que no cumplan la normativa. Incremento de recursos humanos para la inspección y el control de irregularidades en la actividad.
  13. Establecer un impuesto específico a los alojamientos turísticos, por tratarse de una actividad económica.
  14. Declarar incompatibles las licencias de alojamiento turístico con la concesión de ayudas públicas destinadas a viviendas de cualquier actuación destinada a la mejora de sus condiciones básicas (accesibilidad, ayudas a la rehabilitación, de eficiencia energética, etc.). Las viviendas beneficiarias de estas modalidades de ayuda deberán conservar su uso (y función social) de forma permanente o por un periodo de tiempo amplio.
  15. Aumento del parque de vivienda pública en alquiler para mitigar las consecuencias que irremediablemente, y aunque se tomen en consideración todas o algunas de las propuestas anteriores, los alojamientos turísticos tienen sobre los precios inmobiliarios en el mercado.

Colectivos que firman este documento:

Colectivo Asamblea contra la Turistización de Sevilla (CACTUS)

Asamblea Feminista Unitaria de Sevilla

Asociación Pro-Derecho Humanos

AAVV Triana Norte

Ecologistas en Acción Sevilla

L’Anónima

Las Kellys Sevilla

Macarena para Todas

AHRO, Asociación Histórica Retiro Obrero

Asociación plazoleta del Carmen

Asociación vecinal barriada El Rocío – Almutamid

Plataforma Andalucía Viva – Sevilla

Colectivo de Prostitutas de Sevilla

Oficina de Derechos Sociales

Asoc Defensa del Territorio del Aljarafe (ADTA)

Asociación Casa del Pumarejo

27-S Día Mundial del Turismo: nos concentramos y encontramos

NOTA DE PRENSA:

Más de treinta colectivos, sindicatos y partidos se unen contra el modelo turístico sevillano por el Día Mundial del Turismo

Bajo el lema “El turismo nos empobrece, trabajadoras con derechos y vecinas con techo”, denuncian la falta de derechos laborales de Las Kellys y el peor acceso a la vivienda que causan los pisos turísticos, y realizarán una concentración el lunes.

Los colectivos convocantes de la acción denunciamos que en Sevilla no tenemos nada que celebrar en el Día Mundial del Turismo, que algunos celebrarán el próximo lunes, día 27. La riqueza que pregonan los dirigentes y empresarios del turismo (medida en PIB, entrada de divisas, inversiones) oculta la casi inexistente redistribución de beneficios, que queda en manos de unos pocos. Sin embargo, los efectos negativos del turismo lo sufrimos la mayoría, a quienes este modelo turístico solamente nos empobrece cada vez más. Reivindicamos alternativas político-económicas más justas y dignas para las sevillanas y sevillanos, así como el retorno del derecho a la vivienda y la mejora de condiciones laborales para todas y todos como prioridad urgente.

Por esto, este lunes 27 de septiembre, a las 18 h., diferentes organizaciones sociales, partidos y sindicatos nos concentramos en Plaza Nueva frente al Hotel Inglaterra, en apoyo a Las Kellys, las camareras de piso, que sostienen con su trabajo y sus cuerpos este negocio a cambio de salarios mínimos, condiciones laborales extremadamente precarias y problemas de salud de por vida.

Aunque el Hotel Inglaterra está dentro de la Lista de Hoteles Éticos (Kellys Friendly), este establecimiento es emblema histórico de la patronal hotelera sevillana, y es a ésta a la que exigimos que tome cartas en el asunto y deje de aconsejar, como hace en su página web, la externalización de las camareras de pisos. Nos concentramos cerca del Ayuntamiento, donde esperamos que lleguen nuestras voces, para que el gobierno municipal ejerza presión sobre la Asociación de Hoteleros Sevillanos y que termine de una vez con este empobrecimiento de las mujeres sevillanas.

La industria hotelera no ha dejado de construir nuevos hoteles en la ciudad mientras los/las trabajadores/as de la hostelería estábamos afectados por un ERTE. Además, en su apertura no han incluido a las camareras de pisos en plantilla, sino que han contratado a una empresa externa, con la temporalidad y precariedad laboral que tienen aparejadas estas modalidades de contratación. Las camareras somos mujeres y madres de familia con responsabilidades económicas que atender y no nos podemos permitir trabajar en estas condiciones.

La presión que ejercen los pisos turísticos sobre el acceso a la vivienda tampoco parece que preocupe en absoluto a los gobernantes y empresariado de la ciudad, que apuestan de nuevo por la vía turística para salir de la crisis sanitaria-económica derivada de la pandemia. Mientras tanto, la falta de derechos y precarización del mercado laboral del turismo y la hostelería hace imposible acceder a un ya de por sí inflado mercado del alquiler residencial. Una burbuja que se explica, entre otros motivos, por la gran cantidad de viviendas que se ha sustraído para destinarlas al alquiler turístico. Esto ha provocado, inevitablemente, la expulsión de cientos de vecinos y vecinas que vivían en zonas tensionadas por el turismo, como el centro, Triana y alrededores, pero causa problemas en toda la ciudad.

Las entidades que convocan la concentración son el Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla (CACTUS) y  Kellys Unión Sevilla (Asociación de Camareras de Pisos), y apoyan:  Ecologistas ciudad de Sevilla, Oficina de Derechos Sociales de Sevilla (ODS), Coordinadora Antifascista de Sevilla, Asociación Casa del Pumarejo, Asamblea Feminista Unitaria de Sevilla (AFUS), Mujeres Supervivientes, Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), Asamblea de Andalucía, Jornaleras de Huelva en Lucha, La Carpa, Sindicato de Estudiantes, A.V. La Revuelta, Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Confederación General del Trabajo (CGT), Colectivo de Prostitutas de Sevilla, Adelante Andalucía, A.VV. Barriada del Rocío Almutamid, Macarena para Todas, Izquierda Unida, Plataforma 8M, Partido Comunista de España (PCE), Partido Comunista de Trabajadores Españoles (PCTE), Solidaridad Internacional, Frente Sur Andalú, m21, L’Anónima, Plataforma somos migrantes, Mujeres de la otra Orilla, Podemos Sevilla, Barrios Hartos: Plataforma Vecinal Interdistritos de Sevilla y Fridays for Future Sevilla.

Más tarde, a las 20h del mismo día en La Carbonería (C/Levíes, 18), se presenta una propuesta con medidas para una mejor y más efectiva regulación de los pisos turísticos elaborada por asociaciones, organizaciones y colectivos sociales sevillanos, que busca paliar los efectos negativos que este fenómeno tiene sobre el derecho a la vivienda en nuestra ciudad. También se presentará el fanzine editado por CACTUS con reflexiones críticas sobre el impacto del turismo en nuestras vidas, a través de ilustraciones, memes, textos cortos… elaborados expresamente para la ocasión. 

La cara oculta de Airbnb

Sevilla, 11 de mayo de 2021.

La publicidad puede aparecer en Facebook, como en este caso, o en cualquier otra red social que usan millones de personas cada día. Aunque la forma de comunicar difiere, el mensaje es siempre el mismo: Airbnb cumple un propósito social porque ayuda a las personas ofreciendo unos ingresos extra. Desde que comenzamos a movilizarnos contra el impacto de los alquileres turísticos, contra el negocio de Airbnb, la multinacional ha invertido millones en generar una narrativa favorable a sus intereses. El anuncio, que habla de Barcelona pero bien podría ser Sevilla, es realmente llamativo porque trata de hacer frente a la evidencia que venimos denunciando desde hace ya unos años, y que han puesto de manifiesto diferentes estudios científicos aquí y allá. El rápido crecimiento de los alquileres turísticos en los centros urbanos, como en Sevilla, está echando a la gente de sus viviendas. Gota a gota, vecina a vecina, las viviendas se convierten en negocio. Al paralizar la economía, la pandemia ha ralentizado el proceso, pero sabemos no se ha detenido, y las evidencias están a la vista en la cantidad de hoteles en construcción y obras en edificios del centro. Las previsiones de recuperación económica son cada vez más positivas, sobre todo para el turismo. El momento del anuncio es un buen ejemplo, como también el contenido: Airbnb no echa a las vecinas de sus casas, si no que le da una oportunidad precisamente para “no dejar sus barrios”. Claro que, si no existiera Airbnb, no harían falta ingresos extra, porque el casero no querría subirles el alquiler, o la propiedad no hubiese vendido su edificio a un fondo de inversión, o ni siquiera esa familia se estaría planteando vender su casa sin haber terminado de pagar la hipoteca porque el ruido y la inseguridad que les provoca el piso turístico en frente de su puerta no existiría.

Airbnb miente. No solamente porque son parte del problema y no de la solución. Si no porque su modelo de negocio no está orientado a que vecinos complementen sus ingresos alquilando una habitación en su casa o una segunda residencia. Un reciente informe del profesor Luke Yates de la Universidad de Manchester pone de manifiesto que la mayoría de los anuncios son de empresas profesionales. Airbnb lo sabe, y sus millones para su lavado de cara se reparten entre la publicidad y los clubes de anfitriones. Estos son grupos de propietarios, normalmente asociaciones de personas que alquilan una habitación en sus viviendas, que Airbnb financia directa o indirectamente y ayuda a organizarse, aconsejando cómo relacionarse con otras asociaciones o actores políticos para que los intereses de la empresa aparezcan como intereses generales en el debate público. Su acción se centra en la presión contra cualquier tipo de normativa que Airbnb considera desfavorable, como ha ocurrido recientemente en Sevilla, aunque los grupos de anfitriones también buscan relacionarse con otros colectivos y personas con intereses en el sector turístico e inmobiliario. En el resumen del informe, que se puede consultar aquí, se describe a los grupos de anfitriones como auténticos lobbies, no de la forma tradicional que conocíamos hasta ahora, con traje de chaqueta y buenos modales, si no de una manera más rebuscada y sigilosa. La cara oculta de Airbnb es enorme y vergonzosa. Que no te engañen, la economía colaborativa no existe, es el mismo capitalismo voraz de siempre con una cara amable y un traje a la última moda.

Por una Andalucía que no dependa del Turismo

En estos meses hemos vivido las duras consecuencias de la dependencia en el turismo que tiene nuestro modelo económico y social. Andalucía debe y puede ser más que el chiringuito de España y el parque de atracciones de Europa.

La pandemia por la Covid-19 ha desnudado muchos de nuestros desequilibrios como sociedad. Al explotar la burbuja del turismo vimos caer todo lo especulado con él. Viviendas decoradas de catálogo y cerradas sin ninguno de sus huéspedes de fin de semana. El salario mínimo de la trabajadora de la hostelería sostenido por un ERTE público. El salario en negro de su compañera camarera de piso, desaparecido. ¿Dónde se resiente más la economía y el empleo? En Andalucía, las islas y el levante. Donde estaban todos los huevos puestos en la misma cesta. La vulnerabilidad se hizo palpable afectando más a los que menos ganaban con el turismo, dejando al descubierto lo frágil que era nuestro modelo económico y social.

El 27 de Septiembre es anualmente el Día Mundial del Turismo. En este 2020 tras su caída y haber dado muestras de insostenibilidad, la Junta de Andalucía se afana en el desvío de fondos públicos al rescate de empresas privadas del sector turístico. Del bono de descuento que ofrecen por viajar solo se beneficiará la mitad de andaluces que puede permitirse pernoctar más de tres noches en un alojamiento hostelero. En las desigualdades de su industria y de consumo se constata que el turismo no es un derecho, es un privilegio. Las administraciones siguen apostando por inflar la burbuja turística con traspaso de dinero público de otras partidas a la inversión en marca ciudad o país, a la vez que en conveniencia con los grandes propietarios del sector firman acuerdos ad hoc para excepciones fiscales, reformas urbanísticas o facilidades de inversión. Son formas todas de vender lo público, lo de todxs. 

“El turismo trae dinero”, dicen. ¿Pero para quién? El turismo también nos empobrece, y esto se oye menos. La subida del precio del alquiler en los centros urbanos y costeros, el salario y condiciones precarias en el sector hegemónico al que muchxs nos vemos abocados a trabajar, los costes medioambientales del transporte masivo y las operaciones urbanísticas… Con el turismo sin control, todxs nos hacemos más pobres… La riqueza se concentra en pocas manos, cuando no es para salir de nuestras fronteras a la cuenta de un inversor extranjero. La vida de la gente supeditada a la generación de beneficios de las empresas turísticas, sufriendo la socialización de sus costes sociales y medioambientales.  El enriquecimiento de unas personas a costa del empobrecimiento de otras.

Esta dinámica de explotación la conocemos bien en Andalucía. La Andalucía que fue la del campo atrasado por mor de un cacique acomodado, no puede permitirse ahora dejar su destino en manos de los grandes propietarios, fondos de inversión y gobiernos cómplices, que ven lo más fácil y conveniente para sus intereses asumir la posición periférica de nuestra tierra en Europa. Acomodar nuestros pisos para recibir el descanso del norte, cerrar nuestro comercio de cercanía para abrir franquicias internacionales, invertir fondos públicos en promocionar la ciudad olvidando el día a día de su mayoría, en definitiva, resignarse en no reconocer alternativas. 

Sabemos que nuestra condición es irrenunciablemente ecodependiente e interdependiente de muchas y diversas maneras, pero hay dependencias que han sido escogidas. Nada nos ata al monocultivo turístico, han sido los gobiernos y las élites económicas los que han querido eso para Andalucía. Podemos ser independientes del turismo. Nos quedan otras. Hay remedio. Con voluntad política y nuestras redes de apoyo podemos imaginar la alternativa. Este camino ya se empezó a recorrer. Una Andalucía alternativa produce con menos recursos materiales y energéticos, reduce residuos, aproxima la producción al consumo, es diversa, sostenible y autogestionada. Es gobernada para la mayoría social.  Solo y cuando las personas que gobiernan asuman que ha de ser la satisfacción de las necesidades básicas de la gente, y el cuidado de la Tierra lo que oriente la toma de todas aquellas decisiones en la gestión de lo común, una Andalucía independiente del turismo será posible. 


Colectivo Calle Viva – Cádiz

Red Social y Vecinal de Granada y su Área Metropolitana – Ajuntamientos Granada

Sindicato de inquilinas e inquilinos de Málaga

CACTUS – Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla

En tiempos de crisis toca reflexionar

Sevilla, 2 de junio de 2020.

El Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla ha entrado en una fase de reflexión. En realidad, nunca hemos dejado de pensar en las causas y consecuencias del turismo en nuestra ciudad. Pero ahora se hace más necesario que antes, cuando el proceso turistificador contra el que nos posicionamos y actuamos se ha interrumpido abruptamente. 

El impacto del desenfreno turístico en Sevilla era doble. En las zonas centrales, se ha expulsado al tejido social más vulnerable, vecinas o comercios tradicionales, y se ha convertido la ciudad en un parque temático donde la vida era cada vez más cara e insoportable. En la periferia, particularmente en los barrios donde viven los trabajadores que prestaban esos servicios al turismo, el Ayuntamiento tiene una política que oscila entre la indiferencia y la dejadez. La interrupción del flujo turístico ha supuesto otro problema en estas zonas: el trabajo. Comprendemos y nos solidarizamos con las personas que dependían del sector turístico, en muchas ocasiones haciendo horas extra que no están pagadas o cobrando su salario total o parcialmente en negro, mientras la exigencia del empresario y los clientes era máxima. La interrupción del turismo es la interrupción de los ingresos para muchas familias, y esta es una situación que nos preocupa y que es central en este momento de reflexión.

Aunque no tenemos respuestas para todo, sí hay unas cuestiones que son evidentes. La dependencia del turismo en Sevilla, y Andalucía en general, es enorme. Y las administraciones públicas quieren que siga siendo así, como evidencian las propuestas como el Plan 8 en el caso municipal o las reformas de normas urbanísticas y turísticas de la Junta de Andalucía en plena pandemia. La insistencia en el mismo modelo turístico en un momento en el que nadie sabe cómo será el mundo dentro de un mes es un grave error. Además, el turismo no es una industria que esté fijada al territorio, como una explotación agrícola o fabril, sino que su “producción” fluctúa según la decisión o la posibilidad de unas personas en el norte de Europa de pasar aquí sus vacaciones. El turismo es volátil y nos hace vulnerables, como se demuestra ahora. Esto no quiere decir que el modelo a seguir sea exclusivamente el sector primario o secundario, aunque sí habría que repensar de dónde viene esa especialización en el turismo que ahora ahoga a muchas familias, y plantear la necesidad de diversificar la economía, como precisamente apuesta el Plan de Choque Social de Andalucía. Como colectivo, nos hemos unido a su manifiesto.

Las propuestas del este Plan de Choque son interesantes, aunque cabe mejorarlas y ampliarlas. Entre los retos que tenemos identificamos el decrecimiento turístico, sin que eso suponga que sólo la capa de la población más privilegiada pueda viajar. Porque el derecho al turismo no existe si solamente lo pueden ejercer unos pocos. De la misma manera, los beneficios del turismo, que se apoya en nuestro caso en un bien común como es la ciudad, deben redistribuirse de forma igualitaria. Esto significa puestos de trabajo con todas las garantías laborales y salarios más justos. Estas son algunas ideas que deben materializarse en propuestas concretas, sobre las que venimos debatiendo. Para ello, te invitamos a que participes en nuestro proceso reflexivo, aportando tu experiencia sobre cómo te afectaba la turistificación, su abrupta interrupción, y/o propuestas concretas para un necesario cambio de modelo. Recopilaremos todas las aportaciones que nos lleguen y trabajaremos en común sobre posibles futuros que tengan en cuenta principios y sensibilidades sociales al mismo nivel que el lucro económico.

La red SET ante el COVID-19 y sus consecuencias

Desde el Sur de Europa, 28 de abril de 2020.

La red SET nace en 2018 de la voluntad de elevar una voz colectiva de resistencia frente al proceso de turistización que sufre el sur de Europa. Actualmente formada por 25 nodos de ciudades y regiones europeas, reivindica la necesidad de construir nuevos escenarios de economía y de vida.

En la actual emergencia ligada al Covid-19 urge un cambio de paradigma en nombre de los derechos sociales fundamentales y en apoyo a la población más vulnerable. Dirigimos por ello nuestra solidaridad a las personas que están pagando las consecuencias de un sistema económico que genera desigualdades que ahora se ven amplificadas. Esta pandemia pone en evidencia la necesidad de tejer fuertes sinergias y avanzar en reflexiones y propuestas concretas sobre el derecho a la vivienda y a la ciudad, a la salud y al medio ambiente, contra la precarización y la mercantilización de la vida y los lugares.

Llevamos tiempo denunciando los graves impactos de la actividad turística masiva en nuestras ciudades y barrios, de una industria extractiva que privatiza los beneficios y externaliza los costes, generando además enormes daños ambientales. La economía turística utiliza complejas y perversas cadenas: en un extremo encontramos grandes operadores (plataformas digitales, multinacionales, fondos de inversión, sociedades inmobiliarias, etc.) que se mueven por intereses especulativos y lógicas del beneficio, en el otro una gigantesca mole de fuerza de trabajo precarizada, explotada y sin garantías ni derechos. El incremento del turismo ha generado en ciudades y territorios una fuerte precarización del acceso a la vivienda. Incontables edificios han sido sustraídos del parque residencial y convertidos en pisos turísticos y hoteles. Los precios del alquiler y la vivienda han aumentado de manera desmesurada, provocando la expulsión de muchas vecinas y vecinos de sus barrios.

Hoy, en plena emergencia Covid-19, mientras las instituciones y los medios piden que nos quedemos en casa, las desigualdades se hacen aún más evidentes, dejando completamente al margen a quien no tiene casa. Expresamos por tanto nuestra solidaridad a las personas y familias desahuciadas, a quienes habitan en casas que no garantizan una vida digna, a las personas sin hogar. Por ello promovemos y apoyamos iniciativas que favorezcan la función social del patrimonio inmobiliario, tanto público como privado, destinando el alojamiento turístico (hoteles, hostales, pisos turísticos, etc.) a quien lo necesita.

Esta situación, además, visibiliza hasta qué punto la gentrificación y la turistización han mermado y debilitado las redes de apoyo mutuo de diversos barrios, instrumentos imprescindibles para hacer frente a esta emergencia y a sus derivadas. Agradecemos a las personas que, para garantizar servicios fundamentales, están exponiéndose a sí mismas y a las que las rodean al riesgo de contagio. A quien alimenta la solidaridad y la cooperación manteniendo vivas las relaciones comunitarias, así como a las trabajadoras y trabajadores del comercio de proximidad.

La difusión global del coronavirus, facilitada por una hipermovilidad sin precedentes, ha puesto aún más de relieve los límites y las desigualdades del sistema capitalista. Entre los efectos de este modelo de explotación depredadora, ahora podemos palpar el riesgo epidémico provocado por los desequilibrios ecológicos que se derivan de una relación abusiva entre la especie humana y el entorno que daña a ambos. Las restricciones de los últimos meses han producido una significativa reducción de la contaminación -debida en parte a la drástica disminución del tráfico aéreo y de cruceros-, pero se trata tan sólo de una mejora temporal a costa de un gran sufrimiento social. No responde a un cambio estructural necesario y perdurable en el tiempo. Todo ello nos dice que no podemos seguir alimentando la injusticia social y la emergencia climática, ni continuar con el consumo ilimitado de bienes, recursos y territorio.

Es tiempo de reformular la economía para que produzca servicios y bienes esenciales para toda la población, y no para unos pocos. Es tiempo de construir un sistema económico equilibrado y diversificado, centrado en el decrecimiento, compatible con la vida y con el planeta. Compartimos por ello la necesidad de elaborar propuestas desde abajo y exigimos a los gobiernos e instituciones que las integren en políticas a medio y largo plazo, articulando los diferentes niveles institucionales (internacional y local) con medidas estructurales a favor de las personas, no de las grandes empresas.

Esto se traduce, en el ámbito turístico, en una serie de medidas que consideramos imprescindibles para abordar una transición socio-ecológica a un nuevo modelo económico que corrija la hegemonía turística:

  • No rescatar el sector turístico agravando la deuda pública, y en cambio proyectar su decrecimiento, mediante políticas de bienestar que protejan a las capas sociales y laborales más vulnerables y el medio ambiente.
  • Revisar urgentemente el gasto público para que responda a las necesidades primarias de la población (hospitales, vivienda pública y social, escuelas, etc.) en lugar de financiar costosas y dañinas infraestructuras y grandes obras (ampliación de puertos y aeropuertos, etc.).
  • Proteger a la población de la especulación inmobiliaria reduciendo drásticamente el número de pisos turísticos para devolverlos al parque de vivienda de alquiler, así como adoptar medidas que impidan al circuito financiero global depredar territorios, ciudades y barrios.
  • Implementar medidas que internalicen los costes y redistribuyan los beneficios del turismo.
  • Adoptar políticas de promoción de otros sectores productivos -viejos y nuevos- que garanticen puestos de trabajo dignos y coherentes con el desarrollo de la cultura y de la investigación ambiental.

Nos unimos a todas las personas que promueven espacios de debate en esta dirección, y nos implicamos en la construcción de un camino colectivo para la definición y concreción de propuestas operativas, para que una vez superada esta crisis no se vuelva a la normalidad a la que estábamos acostumbradas, sino que se avance hacia una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. Sólo así irá todo bien.

Se confirma: la turistización es un grave problema

Sevilla, 3 de abril de 2020

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Fotografía de Lara Santaella

Durante los casi tres años de vida de este colectivo, uno de nuestros objetivos principales ha sido alertar sobre el crecimiento descontrolado del turismo y sus efectos en nuestros barrios, nuestras vidas y nuestros cuerpos. La turistización se ha abierto paso en el debate, cada vez menos como un proceso aislado y más como una consecuencia real de un modelo injusto que ha expulsado a personas de sus casas, ha olvidado a la periferia o ha precarizado el panorama laboral en la ciudad. La turistización es el resultado lógico de políticas que tienen un mismo objetivo: aumentar las cifras de visitantes. El turismo ha dejado de ser un recurso económico más para convertirse en el único recurso económico. En un contexto de pandemia mundial y crisis, el monopolio de la actividad turística como única fuente de ingresos, la turistización de la economía andaluza y sevillana también es un problema.

Desde CACTUS siempre hemos planteado un debate abierto sobre el modelo socio-económico que se estaba construyendo. A pesar del desdén de unos, y las etiquetas de ‘turismofóbicos’ que nos ponían otros, siempre hemos defendido que no estamos contra el turismo, sino contra el modelo que se estaba generando y sus efectos. Somos conscientes de que muchxs trabajadorxs viven del turismo en nuestra tierra. Por eso, cuando Andalucía y en especial Sevilla lidera las cifras de destrucción de empleo, que en gran parte ya era precario o en negro, por no hablar de los contratos que se han dejado de firmar, la reflexión sobre el modelo se hace más necesaria que nunca. La turistización se ha hecho pasar como un objetivo de interés general, sin tener en consideración la desigual distribución de los beneficios entre los territorios y las personas, y es que el enriquecimiento de algunos es a costa del empobrecimiento de otros. Esta dinámica de explotación la conocemos bien en Andalucía. A día de hoy, tras tres semanas de confinamiento, no están en la misma posición el ejecutivo de la cadena hotelera o el propietario de varias viviendas convertidas en Airbnb, que la guía turística o la camarera de un bar. El gobierno incide en que saldremos todos juntos de la crisis, pero no, todo el mundo no va a salir de la misma forma.

Precisamente ahora, cuando creemos que es más necesaria que nunca esta reflexión, asistimos con perplejidad a la aprobación de leyes para facilitar la inversión en turismo de la Junta de Andalucía, o el anuncio de un plan turístico para lo que queda de año del Ayuntamiento de Sevilla. No sabemos cómo va a ser el mundo de aquí a un mes, y ya están pensando en volver a la misma senda. No se han enterado que la industria turística no existe, porque no tenemos fábricas ni transformamos una materia prima en un producto elaborado. No generamos dinero, lo exportamos del Norte de la península o de Europa cuando vendemos nuestra ciudad, costumbres y patrimonio. No hemos cerrado la fábrica para frenar el contagio, la han cerrado los que tienen el dinero, que han dejado de visitarnos, sacando a la luz con ello la gran vulnerabilidad a la que se expone una economía basada casi exclusivamente en el turismo. Esto provoca una doble dependencia para lxs trabajadorxs del sector: de su empleador y de los visitantes. Estamos cansadas de esta situación, por eso hacemos un llamamiento a repensar nuestro modelo económico general, a replantear cómo se reparte la riqueza entre territorios y a imaginar colectivamente una economía que tenga por objetivo mantener, enriquecer y colocar la vida de todas nosotras en el centro.

CACTUS alerta sobre el grave daño social y ambiental del nuevo decreto de la Junta de Andalucía

El turismo continúa creciendo en Andalucía, concentrado en localidades del litoral y, de forma cada vez menos estacional, en las principales ciudades andaluzas, entre ellas Sevilla. La actividad turística es la principal fuente de ingresos para la economía andaluza, eso sí, distribuida de forma profundamente desigual entre personas y territorios. El turismo es también una debilidad, puesto que dependemos de factores externos, como la expansión del coronavirus potencialmente puede demostrar. Pero antes de esta crisis de salud pública, los principales espacios turísticos de Sevilla ya se encontraban en crisis: pérdida de identidad, desmantelamiento del comercio minorista tradicional, apropiación privada del espacio público con veladores, aumento de la contaminación, etc. El nuevo marco regulador anunciado por la Junta de Andalucía profundiza en esta crisis.

Uno de los principales problemas de los centros urbanos ha sido la proliferación de las llamadas «viviendas con fines turísticos», provocando el aumento de los precios del alquiler y expulsando a vecinas y vecinos. Con las medidas anunciadas por la Junta de Andalucía, la apertura de estos alojamientos se hace más sencilla. Las obras menores que la mayoría de inmuebles necesitan para adaptarse al uso de alquiler turístico ya no requerirán de licencia urbanística, es decir, no habrá un funcionario municipal que revise el proyecto de obra a priori, sino que se hará a posteriori, con una declaración responsable. Esto significa que los ayuntamientos pierden el control sobre cómo se transforma la ciudad, siendo más fácil para los inversores convertir viviendas en alojamientos turísticos.

La reforma legislativa también abarca a las licencias de ocupación, un requisito indispensable para poder explotar una vivienda como negocio. Todos los cambios simplifican los plazos para transformar el espacio residencial en turístico, con el impacto que tendrá en las comunidades locales en zonas centrales, que se suma al creciente abandono de barrios periféricos. Además, se liberalizan los horarios en zonas de gran afluencia turística, donde el comercio minorista y familiar va a tener todavía más complicado sobrevivir. El gobierno autonómico promueve la economía especulativa y se olvida de las necesidades de las personas que habitan la ciudad.

Los discursos economicistas sobre el emprendimiento se fundamentan en principios como las soluciones creativas e innovadoras, especialmente en tiempos de crisis. Sin embargo, los regidores de la Junta de Andalucía han optado por desoír sus propios principios. En lugar de apostar por la diversificación de la economía, apuestan por más turismo, agrandando la dependencia a una industria que justo en estos momentos se está demostrando profundamente volátil. En lugar de afrontar la creciente burbuja inmobiliaria, en gran parte asentada en una burbuja del alquiler a la que contribuye el turismo, apuestan por alimentar esa dinámica. En definitiva, en lugar de gobernar para las personas, lo hacen para las empresas, condenando a la precariedad y al sufrimiento a miles de familias en toda Andalucía.

Se acaba 2019: hacemos balance y ampliamos horizontes

Sevilla, 30 de diciembre de 2019

Cuando un año se cierra, se suele hacer balance. Todavía más si lo que clausuramos es una década. CACTUS tiene un par de años de vida, pero parece que han sido muchos más. Comenzamos 2019 con la organización del ESTAR junto a gente muy bonita de distintos colectivos y asociaciones, con las que todavía estamos en contacto y enredamos aquí y allá. El encuentro tuvo lugar en abril, programado como contra-cumbre al macro evento de la patronal turística mundial en Sevilla, y fue un subidón de alegría y organización vecinal. El proceso de organización y creación de redes colectivamente fue un aprendizaje inmenso. Además, nos acompañaron compañeras de colectivos de la red SET (Sur de Europa ante la Turistización) venidas de lugares tan diversos como Barcelona, Donostia, Lisboa o Venecia, entre otros tantos. Aprendimos y avanzamos sobre qué es esto de la turistización, cómo nos afecta y de qué formas podemos hacerle frente. Tras el subidón del ESTAR, continuamos con nuestra actividad, sin prisa, pero sin pausa. Colaboramos con iniciativas afines y participamos en la marcha por el Clima, organizamos el I Festivalito de Docus y seguimos tejiendo saberes con otros colectivos. En especial, nos sentimos orgullosas de haber puesto nuestro granito de arena al proyecto del Sindicato de Inquilinxs de Sevilla, tan necesario en la ciudad.

Sin embargo, pese a todos estos avances, la turistización nos sigue comiendo por los pies. La previsión de las administraciones es que se vuelva a batir el récord de personas que nos visitan, guiris, mesetarians o de donde vengan. Porque pueden venir de todos lados, menos de zonas de conflicto en África o Asia: entonces no son extranjeros, son inmigrantes, y si encima son niños solos, les ponemos una etiqueta que los despoja de su condición humana. En realidad, no debe sorprendernos en un mundo en el que el turista se mide como fuente de ingresos. Y ojo, en todo este sarao, al final el turista no es únicamente el responsable, sino el sistema que está montado en torno a él. Porque llegan más de 3 millones de visitantes y dejan [ponga aquí la cifra que quiera] millones de euros, pero… ¿dónde se los gastan? ¿en qué bolsillos quedan? ¿Cómo revierte ese supuesto beneficio en la ciudad, en nuestras vidas? Ah, no hagan tantas preguntas.

2019 también ha sido año electoral. Del lío de Madrid no nos apetece pronunciarnos. Del que tenemos en casa, sí. El alcalde (¡por fin!) parece una mijita más atento a la cuestión turística que en los últimos cuatro años. Bienvenida sea la preocupación, más vale tarde que nunca. Un primer paso ha sido crear el índice de presión turística, una herramienta útil porque nos dice cuántas viviendas son turísticas en cada barrio de Sevilla respecto al total. Aplaudimos la iniciativa, aunque ojo: los datos que se toman son las viviendas turísticas reguladas, inscritas en el registro de la Junta de Andalucía. Según nuestros cálculos, que no pueden ser totalmente exactos porque fluctúan, las viviendas turísticas reguladas oscilan entre el 60 y el 70% de la oferta total. El número de pisos turísticos que opera sin licencia ha decrecido en los últimos meses, pero sigue siendo elevado, como muestran los datos de los proyectos colaborativos InsideAirbnb o DataHippo. Por cierto, que la herramienta de Emvisesa también muestra la inflación que hay en el precio de oferta de alquiler en toda la ciudad. No nos extraña, teniendo en cuenta que la fuente de esta estadística son los datos del portal inmobiliario Fotocasa, y ya sabemos que ellos son los más interesados en que los precios se mantengan altos, para que sus ingresos sean mayores.

En medio de este nuevo boom inmobiliario y sus consecuencias para encontrar una vivienda digna con un alquiler asequible, nos enteramos que en un par de días cierran la taberna de Corto Maltés en la Alameda. Justo un año después de que cerrara el bar Aguilar, y unos meses más tarde que el cine Alameda. En un goteo incesante, perdemos los pocos espacios de sociabilidad que a lxs sevillanxs nos quedan en el centro. En el caso particular del Corto resulta sangrante porque les quintuplican el alquiler. Seguramente la propiedad ya tiene un proyecto de restaurante cool y/o franquicia para el local, sino lo convierten en un piso turístico, claro. La rabia y la indignación han corrido por las redes sociales, como en los casos anteriores, y aplaudimos la concentración de hoy y los bailoteos posteriores, porque la reivindicación no está reñida con la alegría. Ahora, también os proponemos que canalicéis esos sentimientos a través de la organización social. Por eso, a la vez que hacemos balance, os animamos a que os suméis a CACTUS en este 2020 que se viene igual de combativo, lleno de proyectos y propuestas que pronto verán la luz. Y si no podéis o no os apetece veniros con nosotras, hacedlo en vuestra asociación de vecinxs, en el Sindicato de Inquilinxs o en cualquier otro colectivo que tengáis a mano. Porque como dijimos en el ESTAR, los barrios son nuestros, y solo podremos resistir en lo común.

I Festivalito de Docus: esto es el wild wild west inmobiliario!

¡Ha llegado el primer Festivalito crítico de documentales europeos! Especulación inmobiliaria y modelo turístico: el tema de esta primera edición. ¡No te lo pierdas!
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Entrada gratuita.
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La pobre muchacha se pregunta cuándo ha perdido la ciudad y por qué ya no se siente parte de ella. Estos dos documentales nos acercan a los casos de Mallorca y Lisboa, dos lugares en explosión turística y dos relatos con contrarelatos de cada modelo que nos hará cuestionarnos a quién beneficia esta industria y qué consecuencias tiene para nuestra vida.