Por una Andalucía que no dependa del Turismo

En estos meses hemos vivido las duras consecuencias de la dependencia en el turismo que tiene nuestro modelo económico y social. Andalucía debe y puede ser más que el chiringuito de España y el parque de atracciones de Europa.

La pandemia por la Covid-19 ha desnudado muchos de nuestros desequilibrios como sociedad. Al explotar la burbuja del turismo vimos caer todo lo especulado con él. Viviendas decoradas de catálogo y cerradas sin ninguno de sus huéspedes de fin de semana. El salario mínimo de la trabajadora de la hostelería sostenido por un ERTE público. El salario en negro de su compañera camarera de piso, desaparecido. ¿Dónde se resiente más la economía y el empleo? En Andalucía, las islas y el levante. Donde estaban todos los huevos puestos en la misma cesta. La vulnerabilidad se hizo palpable afectando más a los que menos ganaban con el turismo, dejando al descubierto lo frágil que era nuestro modelo económico y social.

El 27 de Septiembre es anualmente el Día Mundial del Turismo. En este 2020 tras su caída y haber dado muestras de insostenibilidad, la Junta de Andalucía se afana en el desvío de fondos públicos al rescate de empresas privadas del sector turístico. Del bono de descuento que ofrecen por viajar solo se beneficiará la mitad de andaluces que puede permitirse pernoctar más de tres noches en un alojamiento hostelero. En las desigualdades de su industria y de consumo se constata que el turismo no es un derecho, es un privilegio. Las administraciones siguen apostando por inflar la burbuja turística con traspaso de dinero público de otras partidas a la inversión en marca ciudad o país, a la vez que en conveniencia con los grandes propietarios del sector firman acuerdos ad hoc para excepciones fiscales, reformas urbanísticas o facilidades de inversión. Son formas todas de vender lo público, lo de todxs. 

“El turismo trae dinero”, dicen. ¿Pero para quién? El turismo también nos empobrece, y esto se oye menos. La subida del precio del alquiler en los centros urbanos y costeros, el salario y condiciones precarias en el sector hegemónico al que muchxs nos vemos abocados a trabajar, los costes medioambientales del transporte masivo y las operaciones urbanísticas… Con el turismo sin control, todxs nos hacemos más pobres… La riqueza se concentra en pocas manos, cuando no es para salir de nuestras fronteras a la cuenta de un inversor extranjero. La vida de la gente supeditada a la generación de beneficios de las empresas turísticas, sufriendo la socialización de sus costes sociales y medioambientales.  El enriquecimiento de unas personas a costa del empobrecimiento de otras.

Esta dinámica de explotación la conocemos bien en Andalucía. La Andalucía que fue la del campo atrasado por mor de un cacique acomodado, no puede permitirse ahora dejar su destino en manos de los grandes propietarios, fondos de inversión y gobiernos cómplices, que ven lo más fácil y conveniente para sus intereses asumir la posición periférica de nuestra tierra en Europa. Acomodar nuestros pisos para recibir el descanso del norte, cerrar nuestro comercio de cercanía para abrir franquicias internacionales, invertir fondos públicos en promocionar la ciudad olvidando el día a día de su mayoría, en definitiva, resignarse en no reconocer alternativas. 

Sabemos que nuestra condición es irrenunciablemente ecodependiente e interdependiente de muchas y diversas maneras, pero hay dependencias que han sido escogidas. Nada nos ata al monocultivo turístico, han sido los gobiernos y las élites económicas los que han querido eso para Andalucía. Podemos ser independientes del turismo. Nos quedan otras. Hay remedio. Con voluntad política y nuestras redes de apoyo podemos imaginar la alternativa. Este camino ya se empezó a recorrer. Una Andalucía alternativa produce con menos recursos materiales y energéticos, reduce residuos, aproxima la producción al consumo, es diversa, sostenible y autogestionada. Es gobernada para la mayoría social.  Solo y cuando las personas que gobiernan asuman que ha de ser la satisfacción de las necesidades básicas de la gente, y el cuidado de la Tierra lo que oriente la toma de todas aquellas decisiones en la gestión de lo común, una Andalucía independiente del turismo será posible. 


Colectivo Calle Viva – Cádiz

Red Social y Vecinal de Granada y su Área Metropolitana – Ajuntamientos Granada

Sindicato de inquilinas e inquilinos de Málaga

CACTUS – Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla

En tiempos de crisis toca reflexionar

Sevilla, 2 de junio de 2020.

El Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla ha entrado en una fase de reflexión. En realidad, nunca hemos dejado de pensar en las causas y consecuencias del turismo en nuestra ciudad. Pero ahora se hace más necesario que antes, cuando el proceso turistificador contra el que nos posicionamos y actuamos se ha interrumpido abruptamente. 

El impacto del desenfreno turístico en Sevilla era doble. En las zonas centrales, se ha expulsado al tejido social más vulnerable, vecinas o comercios tradicionales, y se ha convertido la ciudad en un parque temático donde la vida era cada vez más cara e insoportable. En la periferia, particularmente en los barrios donde viven los trabajadores que prestaban esos servicios al turismo, el Ayuntamiento tiene una política que oscila entre la indiferencia y la dejadez. La interrupción del flujo turístico ha supuesto otro problema en estas zonas: el trabajo. Comprendemos y nos solidarizamos con las personas que dependían del sector turístico, en muchas ocasiones haciendo horas extra que no están pagadas o cobrando su salario total o parcialmente en negro, mientras la exigencia del empresario y los clientes era máxima. La interrupción del turismo es la interrupción de los ingresos para muchas familias, y esta es una situación que nos preocupa y que es central en este momento de reflexión.

Aunque no tenemos respuestas para todo, sí hay unas cuestiones que son evidentes. La dependencia del turismo en Sevilla, y Andalucía en general, es enorme. Y las administraciones públicas quieren que siga siendo así, como evidencian las propuestas como el Plan 8 en el caso municipal o las reformas de normas urbanísticas y turísticas de la Junta de Andalucía en plena pandemia. La insistencia en el mismo modelo turístico en un momento en el que nadie sabe cómo será el mundo dentro de un mes es un grave error. Además, el turismo no es una industria que esté fijada al territorio, como una explotación agrícola o fabril, sino que su “producción” fluctúa según la decisión o la posibilidad de unas personas en el norte de Europa de pasar aquí sus vacaciones. El turismo es volátil y nos hace vulnerables, como se demuestra ahora. Esto no quiere decir que el modelo a seguir sea exclusivamente el sector primario o secundario, aunque sí habría que repensar de dónde viene esa especialización en el turismo que ahora ahoga a muchas familias, y plantear la necesidad de diversificar la economía, como precisamente apuesta el Plan de Choque Social de Andalucía. Como colectivo, nos hemos unido a su manifiesto.

Las propuestas del este Plan de Choque son interesantes, aunque cabe mejorarlas y ampliarlas. Entre los retos que tenemos identificamos el decrecimiento turístico, sin que eso suponga que sólo la capa de la población más privilegiada pueda viajar. Porque el derecho al turismo no existe si solamente lo pueden ejercer unos pocos. De la misma manera, los beneficios del turismo, que se apoya en nuestro caso en un bien común como es la ciudad, deben redistribuirse de forma igualitaria. Esto significa puestos de trabajo con todas las garantías laborales y salarios más justos. Estas son algunas ideas que deben materializarse en propuestas concretas, sobre las que venimos debatiendo. Para ello, te invitamos a que participes en nuestro proceso reflexivo, aportando tu experiencia sobre cómo te afectaba la turistificación, su abrupta interrupción, y/o propuestas concretas para un necesario cambio de modelo. Recopilaremos todas las aportaciones que nos lleguen y trabajaremos en común sobre posibles futuros que tengan en cuenta principios y sensibilidades sociales al mismo nivel que el lucro económico.

La red SET ante el COVID-19 y sus consecuencias

Desde el Sur de Europa, 28 de abril de 2020.

La red SET nace en 2018 de la voluntad de elevar una voz colectiva de resistencia frente al proceso de turistización que sufre el sur de Europa. Actualmente formada por 25 nodos de ciudades y regiones europeas, reivindica la necesidad de construir nuevos escenarios de economía y de vida.

En la actual emergencia ligada al Covid-19 urge un cambio de paradigma en nombre de los derechos sociales fundamentales y en apoyo a la población más vulnerable. Dirigimos por ello nuestra solidaridad a las personas que están pagando las consecuencias de un sistema económico que genera desigualdades que ahora se ven amplificadas. Esta pandemia pone en evidencia la necesidad de tejer fuertes sinergias y avanzar en reflexiones y propuestas concretas sobre el derecho a la vivienda y a la ciudad, a la salud y al medio ambiente, contra la precarización y la mercantilización de la vida y los lugares.

Llevamos tiempo denunciando los graves impactos de la actividad turística masiva en nuestras ciudades y barrios, de una industria extractiva que privatiza los beneficios y externaliza los costes, generando además enormes daños ambientales. La economía turística utiliza complejas y perversas cadenas: en un extremo encontramos grandes operadores (plataformas digitales, multinacionales, fondos de inversión, sociedades inmobiliarias, etc.) que se mueven por intereses especulativos y lógicas del beneficio, en el otro una gigantesca mole de fuerza de trabajo precarizada, explotada y sin garantías ni derechos. El incremento del turismo ha generado en ciudades y territorios una fuerte precarización del acceso a la vivienda. Incontables edificios han sido sustraídos del parque residencial y convertidos en pisos turísticos y hoteles. Los precios del alquiler y la vivienda han aumentado de manera desmesurada, provocando la expulsión de muchas vecinas y vecinos de sus barrios.

Hoy, en plena emergencia Covid-19, mientras las instituciones y los medios piden que nos quedemos en casa, las desigualdades se hacen aún más evidentes, dejando completamente al margen a quien no tiene casa. Expresamos por tanto nuestra solidaridad a las personas y familias desahuciadas, a quienes habitan en casas que no garantizan una vida digna, a las personas sin hogar. Por ello promovemos y apoyamos iniciativas que favorezcan la función social del patrimonio inmobiliario, tanto público como privado, destinando el alojamiento turístico (hoteles, hostales, pisos turísticos, etc.) a quien lo necesita.

Esta situación, además, visibiliza hasta qué punto la gentrificación y la turistización han mermado y debilitado las redes de apoyo mutuo de diversos barrios, instrumentos imprescindibles para hacer frente a esta emergencia y a sus derivadas. Agradecemos a las personas que, para garantizar servicios fundamentales, están exponiéndose a sí mismas y a las que las rodean al riesgo de contagio. A quien alimenta la solidaridad y la cooperación manteniendo vivas las relaciones comunitarias, así como a las trabajadoras y trabajadores del comercio de proximidad.

La difusión global del coronavirus, facilitada por una hipermovilidad sin precedentes, ha puesto aún más de relieve los límites y las desigualdades del sistema capitalista. Entre los efectos de este modelo de explotación depredadora, ahora podemos palpar el riesgo epidémico provocado por los desequilibrios ecológicos que se derivan de una relación abusiva entre la especie humana y el entorno que daña a ambos. Las restricciones de los últimos meses han producido una significativa reducción de la contaminación -debida en parte a la drástica disminución del tráfico aéreo y de cruceros-, pero se trata tan sólo de una mejora temporal a costa de un gran sufrimiento social. No responde a un cambio estructural necesario y perdurable en el tiempo. Todo ello nos dice que no podemos seguir alimentando la injusticia social y la emergencia climática, ni continuar con el consumo ilimitado de bienes, recursos y territorio.

Es tiempo de reformular la economía para que produzca servicios y bienes esenciales para toda la población, y no para unos pocos. Es tiempo de construir un sistema económico equilibrado y diversificado, centrado en el decrecimiento, compatible con la vida y con el planeta. Compartimos por ello la necesidad de elaborar propuestas desde abajo y exigimos a los gobiernos e instituciones que las integren en políticas a medio y largo plazo, articulando los diferentes niveles institucionales (internacional y local) con medidas estructurales a favor de las personas, no de las grandes empresas.

Esto se traduce, en el ámbito turístico, en una serie de medidas que consideramos imprescindibles para abordar una transición socio-ecológica a un nuevo modelo económico que corrija la hegemonía turística:

  • No rescatar el sector turístico agravando la deuda pública, y en cambio proyectar su decrecimiento, mediante políticas de bienestar que protejan a las capas sociales y laborales más vulnerables y el medio ambiente.
  • Revisar urgentemente el gasto público para que responda a las necesidades primarias de la población (hospitales, vivienda pública y social, escuelas, etc.) en lugar de financiar costosas y dañinas infraestructuras y grandes obras (ampliación de puertos y aeropuertos, etc.).
  • Proteger a la población de la especulación inmobiliaria reduciendo drásticamente el número de pisos turísticos para devolverlos al parque de vivienda de alquiler, así como adoptar medidas que impidan al circuito financiero global depredar territorios, ciudades y barrios.
  • Implementar medidas que internalicen los costes y redistribuyan los beneficios del turismo.
  • Adoptar políticas de promoción de otros sectores productivos -viejos y nuevos- que garanticen puestos de trabajo dignos y coherentes con el desarrollo de la cultura y de la investigación ambiental.

Nos unimos a todas las personas que promueven espacios de debate en esta dirección, y nos implicamos en la construcción de un camino colectivo para la definición y concreción de propuestas operativas, para que una vez superada esta crisis no se vuelva a la normalidad a la que estábamos acostumbradas, sino que se avance hacia una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. Sólo así irá todo bien.

Se confirma: la turistización es un grave problema

Sevilla, 3 de abril de 2020

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Fotografía de Lara Santaella

Durante los casi tres años de vida de este colectivo, uno de nuestros objetivos principales ha sido alertar sobre el crecimiento descontrolado del turismo y sus efectos en nuestros barrios, nuestras vidas y nuestros cuerpos. La turistización se ha abierto paso en el debate, cada vez menos como un proceso aislado y más como una consecuencia real de un modelo injusto que ha expulsado a personas de sus casas, ha olvidado a la periferia o ha precarizado el panorama laboral en la ciudad. La turistización es el resultado lógico de políticas que tienen un mismo objetivo: aumentar las cifras de visitantes. El turismo ha dejado de ser un recurso económico más para convertirse en el único recurso económico. En un contexto de pandemia mundial y crisis, el monopolio de la actividad turística como única fuente de ingresos, la turistización de la economía andaluza y sevillana también es un problema.

Desde CACTUS siempre hemos planteado un debate abierto sobre el modelo socio-económico que se estaba construyendo. A pesar del desdén de unos, y las etiquetas de ‘turismofóbicos’ que nos ponían otros, siempre hemos defendido que no estamos contra el turismo, sino contra el modelo que se estaba generando y sus efectos. Somos conscientes de que muchxs trabajadorxs viven del turismo en nuestra tierra. Por eso, cuando Andalucía y en especial Sevilla lidera las cifras de destrucción de empleo, que en gran parte ya era precario o en negro, por no hablar de los contratos que se han dejado de firmar, la reflexión sobre el modelo se hace más necesaria que nunca. La turistización se ha hecho pasar como un objetivo de interés general, sin tener en consideración la desigual distribución de los beneficios entre los territorios y las personas, y es que el enriquecimiento de algunos es a costa del empobrecimiento de otros. Esta dinámica de explotación la conocemos bien en Andalucía. A día de hoy, tras tres semanas de confinamiento, no están en la misma posición el ejecutivo de la cadena hotelera o el propietario de varias viviendas convertidas en Airbnb, que la guía turística o la camarera de un bar. El gobierno incide en que saldremos todos juntos de la crisis, pero no, todo el mundo no va a salir de la misma forma.

Precisamente ahora, cuando creemos que es más necesaria que nunca esta reflexión, asistimos con perplejidad a la aprobación de leyes para facilitar la inversión en turismo de la Junta de Andalucía, o el anuncio de un plan turístico para lo que queda de año del Ayuntamiento de Sevilla. No sabemos cómo va a ser el mundo de aquí a un mes, y ya están pensando en volver a la misma senda. No se han enterado que la industria turística no existe, porque no tenemos fábricas ni transformamos una materia prima en un producto elaborado. No generamos dinero, lo exportamos del Norte de la península o de Europa cuando vendemos nuestra ciudad, costumbres y patrimonio. No hemos cerrado la fábrica para frenar el contagio, la han cerrado los que tienen el dinero, que han dejado de visitarnos, sacando a la luz con ello la gran vulnerabilidad a la que se expone una economía basada casi exclusivamente en el turismo. Esto provoca una doble dependencia para lxs trabajadorxs del sector: de su empleador y de los visitantes. Estamos cansadas de esta situación, por eso hacemos un llamamiento a repensar nuestro modelo económico general, a replantear cómo se reparte la riqueza entre territorios y a imaginar colectivamente una economía que tenga por objetivo mantener, enriquecer y colocar la vida de todas nosotras en el centro.

CACTUS alerta sobre el grave daño social y ambiental del nuevo decreto de la Junta de Andalucía

El turismo continúa creciendo en Andalucía, concentrado en localidades del litoral y, de forma cada vez menos estacional, en las principales ciudades andaluzas, entre ellas Sevilla. La actividad turística es la principal fuente de ingresos para la economía andaluza, eso sí, distribuida de forma profundamente desigual entre personas y territorios. El turismo es también una debilidad, puesto que dependemos de factores externos, como la expansión del coronavirus potencialmente puede demostrar. Pero antes de esta crisis de salud pública, los principales espacios turísticos de Sevilla ya se encontraban en crisis: pérdida de identidad, desmantelamiento del comercio minorista tradicional, apropiación privada del espacio público con veladores, aumento de la contaminación, etc. El nuevo marco regulador anunciado por la Junta de Andalucía profundiza en esta crisis.

Uno de los principales problemas de los centros urbanos ha sido la proliferación de las llamadas «viviendas con fines turísticos», provocando el aumento de los precios del alquiler y expulsando a vecinas y vecinos. Con las medidas anunciadas por la Junta de Andalucía, la apertura de estos alojamientos se hace más sencilla. Las obras menores que la mayoría de inmuebles necesitan para adaptarse al uso de alquiler turístico ya no requerirán de licencia urbanística, es decir, no habrá un funcionario municipal que revise el proyecto de obra a priori, sino que se hará a posteriori, con una declaración responsable. Esto significa que los ayuntamientos pierden el control sobre cómo se transforma la ciudad, siendo más fácil para los inversores convertir viviendas en alojamientos turísticos.

La reforma legislativa también abarca a las licencias de ocupación, un requisito indispensable para poder explotar una vivienda como negocio. Todos los cambios simplifican los plazos para transformar el espacio residencial en turístico, con el impacto que tendrá en las comunidades locales en zonas centrales, que se suma al creciente abandono de barrios periféricos. Además, se liberalizan los horarios en zonas de gran afluencia turística, donde el comercio minorista y familiar va a tener todavía más complicado sobrevivir. El gobierno autonómico promueve la economía especulativa y se olvida de las necesidades de las personas que habitan la ciudad.

Los discursos economicistas sobre el emprendimiento se fundamentan en principios como las soluciones creativas e innovadoras, especialmente en tiempos de crisis. Sin embargo, los regidores de la Junta de Andalucía han optado por desoír sus propios principios. En lugar de apostar por la diversificación de la economía, apuestan por más turismo, agrandando la dependencia a una industria que justo en estos momentos se está demostrando profundamente volátil. En lugar de afrontar la creciente burbuja inmobiliaria, en gran parte asentada en una burbuja del alquiler a la que contribuye el turismo, apuestan por alimentar esa dinámica. En definitiva, en lugar de gobernar para las personas, lo hacen para las empresas, condenando a la precariedad y al sufrimiento a miles de familias en toda Andalucía.

Se acaba 2019: hacemos balance y ampliamos horizontes

Sevilla, 30 de diciembre de 2019

Cuando un año se cierra, se suele hacer balance. Todavía más si lo que clausuramos es una década. CACTUS tiene un par de años de vida, pero parece que han sido muchos más. Comenzamos 2019 con la organización del ESTAR junto a gente muy bonita de distintos colectivos y asociaciones, con las que todavía estamos en contacto y enredamos aquí y allá. El encuentro tuvo lugar en abril, programado como contra-cumbre al macro evento de la patronal turística mundial en Sevilla, y fue un subidón de alegría y organización vecinal. El proceso de organización y creación de redes colectivamente fue un aprendizaje inmenso. Además, nos acompañaron compañeras de colectivos de la red SET (Sur de Europa ante la Turistización) venidas de lugares tan diversos como Barcelona, Donostia, Lisboa o Venecia, entre otros tantos. Aprendimos y avanzamos sobre qué es esto de la turistización, cómo nos afecta y de qué formas podemos hacerle frente. Tras el subidón del ESTAR, continuamos con nuestra actividad, sin prisa, pero sin pausa. Colaboramos con iniciativas afines y participamos en la marcha por el Clima, organizamos el I Festivalito de Docus y seguimos tejiendo saberes con otros colectivos. En especial, nos sentimos orgullosas de haber puesto nuestro granito de arena al proyecto del Sindicato de Inquilinxs de Sevilla, tan necesario en la ciudad.

Sin embargo, pese a todos estos avances, la turistización nos sigue comiendo por los pies. La previsión de las administraciones es que se vuelva a batir el récord de personas que nos visitan, guiris, mesetarians o de donde vengan. Porque pueden venir de todos lados, menos de zonas de conflicto en África o Asia: entonces no son extranjeros, son inmigrantes, y si encima son niños solos, les ponemos una etiqueta que los despoja de su condición humana. En realidad, no debe sorprendernos en un mundo en el que el turista se mide como fuente de ingresos. Y ojo, en todo este sarao, al final el turista no es únicamente el responsable, sino el sistema que está montado en torno a él. Porque llegan más de 3 millones de visitantes y dejan [ponga aquí la cifra que quiera] millones de euros, pero… ¿dónde se los gastan? ¿en qué bolsillos quedan? ¿Cómo revierte ese supuesto beneficio en la ciudad, en nuestras vidas? Ah, no hagan tantas preguntas.

2019 también ha sido año electoral. Del lío de Madrid no nos apetece pronunciarnos. Del que tenemos en casa, sí. El alcalde (¡por fin!) parece una mijita más atento a la cuestión turística que en los últimos cuatro años. Bienvenida sea la preocupación, más vale tarde que nunca. Un primer paso ha sido crear el índice de presión turística, una herramienta útil porque nos dice cuántas viviendas son turísticas en cada barrio de Sevilla respecto al total. Aplaudimos la iniciativa, aunque ojo: los datos que se toman son las viviendas turísticas reguladas, inscritas en el registro de la Junta de Andalucía. Según nuestros cálculos, que no pueden ser totalmente exactos porque fluctúan, las viviendas turísticas reguladas oscilan entre el 60 y el 70% de la oferta total. El número de pisos turísticos que opera sin licencia ha decrecido en los últimos meses, pero sigue siendo elevado, como muestran los datos de los proyectos colaborativos InsideAirbnb o DataHippo. Por cierto, que la herramienta de Emvisesa también muestra la inflación que hay en el precio de oferta de alquiler en toda la ciudad. No nos extraña, teniendo en cuenta que la fuente de esta estadística son los datos del portal inmobiliario Fotocasa, y ya sabemos que ellos son los más interesados en que los precios se mantengan altos, para que sus ingresos sean mayores.

En medio de este nuevo boom inmobiliario y sus consecuencias para encontrar una vivienda digna con un alquiler asequible, nos enteramos que en un par de días cierran la taberna de Corto Maltés en la Alameda. Justo un año después de que cerrara el bar Aguilar, y unos meses más tarde que el cine Alameda. En un goteo incesante, perdemos los pocos espacios de sociabilidad que a lxs sevillanxs nos quedan en el centro. En el caso particular del Corto resulta sangrante porque les quintuplican el alquiler. Seguramente la propiedad ya tiene un proyecto de restaurante cool y/o franquicia para el local, sino lo convierten en un piso turístico, claro. La rabia y la indignación han corrido por las redes sociales, como en los casos anteriores, y aplaudimos la concentración de hoy y los bailoteos posteriores, porque la reivindicación no está reñida con la alegría. Ahora, también os proponemos que canalicéis esos sentimientos a través de la organización social. Por eso, a la vez que hacemos balance, os animamos a que os suméis a CACTUS en este 2020 que se viene igual de combativo, lleno de proyectos y propuestas que pronto verán la luz. Y si no podéis o no os apetece veniros con nosotras, hacedlo en vuestra asociación de vecinxs, en el Sindicato de Inquilinxs o en cualquier otro colectivo que tengáis a mano. Porque como dijimos en el ESTAR, los barrios son nuestros, y solo podremos resistir en lo común.

I Festivalito de Docus: esto es el wild wild west inmobiliario!

¡Ha llegado el primer Festivalito crítico de documentales europeos! Especulación inmobiliaria y modelo turístico: el tema de esta primera edición. ¡No te lo pierdas!
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Entrada gratuita.
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La pobre muchacha se pregunta cuándo ha perdido la ciudad y por qué ya no se siente parte de ella. Estos dos documentales nos acercan a los casos de Mallorca y Lisboa, dos lugares en explosión turística y dos relatos con contrarelatos de cada modelo que nos hará cuestionarnos a quién beneficia esta industria y qué consecuencias tiene para nuestra vida.

¿Qué hacer si el turismo llama a mi puerta?

DECALOGO CONTRA LOS DESALOJOS

Hace casi tres lustros, la antigua Liga de Inquilinos ‘La Corriente’ sacó un decálogo con consejos legales y ciudadanos para hacer frente a los desalojos de inquilinxs que se venían produciendo. Junto a compas de El Topo Tabernario hemos visto adecuado actualizar ese decálogo ante la nueva ola de desalojos, esta vez debido no solo a la gentrificación, sino a la turistificación de nuestros barrios. Por ello, lo dejamos aquí en versión digital y también en versión PDF, para que podáis compartirlo, imprimirlo o incluso colgarlo por las calles de la ciudad.

‘Limpiando’ unos barrios, olvidando otros

Sobre la necesidad de(l) ESTAR

Sevilla, 2 de abril de 2019.

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‘Sevilla, we love people’ fue durante unos años el eslogan turístico de la ciudad, en la línea del ‘Andalucía te quiere’ que había promovido la Junta. Si no fuera porque están orientados a los visitantes, nadie diría que los que habitamos Sevilla o Andalucía no deberíamos sentirnos aludidos. ¡Qué bien, cómo nos quieren! Y precisamente por eso necesitamos al turismo. Ojo, no solamente a los turistas, sino a todo el sector. En estos tiempos de neolengua y doblepensamiento, las puntualizaciones son necesarias. De hecho, si quisiéramos ser completamente fieles al mundo distópico orwelliano, el Ministerio de Turismo, encargado de perpetuar la colonización y extractivismo de nuestro territorio -sensiblemente ciudades y costas- de la periferia europea, debería llamarse Ministerio del Progreso. Porque no hay nada más alejado de la idea de progreso que el modelo turístico actual, que ‘arrampla con tó’, esto es, que se lucra a nuestra costa y no nos deja ni las migajas.

Durante el siglo XX, el turismo en Sevilla se reducía a pocas calles y plazas en la zona sur del centro. El área norte, como otros tantos barrios obreros de la ciudad, sufrían un fuerte abandono institucional. La Sevilla que describe Fernando Mansilla en su obra ‘Canijo’ o que revela Bollaín en sus documentales es la que se encargaron de ‘limpiar’ física y socialmente con motivo de la Expo ’92. Ese es el contexto que retrata Alberto Rodríguez en la película ‘Grupo 7’, y que con una dosis menor de ficción relata el documental ‘prohibido volar, disparan al aire‘, haciendo referencia a la represión policial que se vivió en los noventa en los barrios del casco norte. Lo que estaba ocurriendo aquellos años, y ha sido ampliamente estudiado, era un proceso de gentrificación. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el turismo? Pues que, desde hace unos años, la turistización ha continuado expulsando a vecinas de sus barrios, transformando el comercio tradicional y generando una imagen de postal para el visitante, quien no observa la especulación e injusticia social que su actividad produce. Todo esto ocurre en unos barrios que no solían ser turísticos, favorecido por las instituciones públicas.

El desahucio de Rosario Piudo de su piso de la plaza de la Encarnación hace ahora quince años es simbólico. La plaza, tras 150 millones de euros de inversión pública en un macroproyecto en tiempos de crisis, es un espacio fundamentalmente turístico; mientras que el edificio donde vivía doña Rosario es un hotel de lujo que acaba de abrir. Otro establecimiento de este tipo, de los 10 que están en construcción o planificados en el centro, en una ciudad donde hay más de 100 hoteles. Por no hablar de los pisos turísticos y la destrucción vedada de la ciudad, convirtiendo viviendas en negocios hosteleros. Según el Registro de Turismo de Andalucía, en Sevilla hay algo más de 4.000 alquileres vacacionales, pero la realidad es que la cifra asciende a casi 10.000 según los datos del proyecto dataHippo. El problema de este tipo de alojamiento, que se dice llamar economía colaborativa, está en su concentración espacial en unos pocos barrios del centro (ver plano) y patrimonial. Aunque existen casos de familias que alquilen una habitación en su vivienda, o tengan solamente un piso en plataformas como Airbnb, la realidad es que son casos marginales. La gran mayoría de los pisos turísticos son negocios que gestionan empresas especializadas, y unos pocos propietarios acaparan buena parte de la oferta: los 20 primeros acumulan el 14%, más de 700 apartamentos turísticos.

Los últimos pisos de este tipo han abierto en la calle Feria, que junto a la Alameda o al Pumarejo, han entrado estos años en los circuitos de visitantes. De ahí el reciente hostigamiento al mercadillo del Jueves, o la ejecución de un parque infantil que ocupa exactamente la mitad de la plaza del Pumarejo. Esta estrategia es especialmente cínica: combatir el sinhogarismo a través de infraestructuras infantiles que contribuyan a ofrecer otra imagen del barrio en uno de sus puntos claves para los transeúntes. Juan Espadas le está dando una nueva dimensión a la idea de ‘limpiar’ los barrios. Y que quede claro: no se trata en absoluto de estar en contra de los parques infantiles, sino de utilizarlos como forma de desplazar el problema a otro lugar -más escondido para sevillanos y turistas-, en vez de resolverlo. La acción municipal es mezquina, cobarde y especialmente irresponsable con sus competencias públicas. Y además, con una nula sensibilidad por el patrimonio histórico, al estar este parque en el entorno de un Bien de Interés Cultural. Claro que, como ha quedado claro en estos 4 años de mandato, el Pumarejo es patrimonio de segunda división. Si fuera del que atrae a los guiris, del que produce ‘progreso’, otro gallo cantaría. Porque a estas alturas nos ha quedado claro que Sevilla loves people, especialmente si son turistas.

Estas políticas vienen acompañadas de una sensible inacción allí donde precisamente hace falta. La actual es otra legislatura perdida para los barrios periféricos de Sevilla, que llevan décadas demandando una mayor atención ante la dejadez y el abandono sistemático del Ayuntamiento. El pasado octubre, una manifestación multitudinaria se lo hizo saber al alcalde, quien sigue haciendo oídos sordos a las reivindicaciones de fondo. Lo más sangrante, y lo que nos ha llevado a organizar el Encuentro Social contra la Turistización: Alternativas y Resistencias (ESTAR) fue el desvío de 1 millón de euros para fines sociales que habrían acabado en gran medida en aquellos barrios, para garantizar que la reunión de la patronal turística tuviera lugar. No hay nada más ajeno a la ciudad que la cumbre de la WTTC, a la que cuesta 4.000€ asistir. A menos, claro, que estés entre las personas precarizadas que atenderán sus mesas, limpiarán las habitaciones donde se alojan sus asistentes y los espacios de reunión o estarán en la recepción. Unas personas que soportan el peso del sector con demasiada frecuencia en condiciones cercanas a la explotación laboral y que suelen vivir en esos barrios olvidados de la periferia. El modelo turístico actual es una máquina de generar desigualdades sociales, que se visibilizan con mayor facilidad en el tejido urbano. Por eso estamos hartas de este sistema, sobre todo de los poderes públicos que no solamente no le ponen coto, sino que promueven con sus selectivas políticas nuestra miseria e impiden el desarrollo de nuestras vidas libre y dignamente. No se trata de tener fobia al turismo, sino de señalar a los responsables de esta situación y trabajar por cambiarla. ¡Os esperamos en el ESTAR!

Retomando los barrios, resistiendo en lo común

La rueda de prensa de presentación del ESTAR tiene lugar a pesar del intento del Ayuntamiento por impedirla.

COMUNICADO DE PRENSA. Sevilla, 28 de marzo de 2019.

La próxima semana organizamos el Encuentro Social con la Turistización: Resistencias y Alternativas como respuesta a la cumbre mundial del turismo de la patronal WTTC, favorecida por las administraciones públicas, sensiblemente el Ayuntamiento de Sevilla. Entre el 2 y el 7 de abril hemos organizado más de quince actividades abiertas al público en general para profundizar por qué su modelo de turismo nos precariza, nos ahoga y nos impide desarrollar nuestra vidas libre y dignamente. Hacemos un llamamiento a todas las personas de la ciudad que hayan percibido las injusticias que genera el turismo y/o se sientan en esta situación a que se sumen, nos acompañen y participen en el encuentro. Entre las actividades que hemos organizado se encuentran paseos, mesas redondas o espacios de diálogo con personas y colectivos desde las perspectivas laboral, cultural, feminista, urbana, de la vivienda, del medio ambiente o del sistema económico. En la reflexión colectiva, además, contaremos con compañeras de la red del Sur de Europa ante la Turistización de Barcelona, Cádiz, Córdoba, Granada, Ibiza, Las Palmas de Gran Canaria, Lisboa, Madrid, Málaga, Oporto, Palma de Mallorca, San Sebastián, Valencia y Venecia. A todo ello sumaremos acciones de denuncia sorpresa en distintos puntos de la ciudad, y una manifestación el domingo, que parte a las 12 desde la plaza del Altozano, y que servirá de colofón a una contra-cumbre que pone el acento en las reivindicaciones populares, y también en las alternativas al fenómeno de la turistización.

De los últimos ejemplos de este proceso que nos subordina y nos oprime como comunidad se encuentra en este punto en el que les hemos citado, el mercadillo del Jueves. Las estrategias público-privadas para convertir el centro de Sevilla en un mero decorado, y sus habitantes en anfitriones al servicio del turismo, se ponen aquí en evidencia en las últimas semanas. De hecho, en la preparación de la rueda de prensa hemos sentido en primera persona la presión municipal, cuando la dirección del Distrito Casco Antiguo nos ha requerido una autorización para hacer la misma porque habíamos puesto una mesa y dos sillas. Al retirarlas, nos han dejado ejercer nuestros derechos civiles y hemos podido atender a los medios con tranquilidad. El hostigamiento en el espacio público está llegando a unos niveles desorbitados, como se demuestra en el mismo mercado debido a la transformación en mercancía de espacios del casco norte que han entrado en los circuitos turísticos, y se ve en la cantidad de hoteles y pisos turísticos que están abriendo en la zona. En nombre del turismo se destruye la arquitectura tradicional y se pretende adaptar el mercado ambulante más antiguo de Sevilla, que se remonta a época islámica, a las expectativas y necesidades del visitante. Este, que lo consideramos nuestro patrimonio, se hostiga y se destruye porque para las instituciones públicas y privadas no tiene valor alguno; lo único que tiene valor es aquel que se puede vender.

Y atención, queremos incidir en que no tenemos fobia al turismo, nos gusta viajar y conocer nuevos lugares y culturas. Lo que sí nos provoca estupor son los discursos que no reconocen el turismo como un privilegio al que no todas podemos acceder, y los políticos que se pliegan a los intereses de mercado, obviando para qué fueron elegidos: defender el interés público. La política sevillana y andaluza es incapaz de comprender cómo nos está afectando el turismo en nuestros barrios, tanto que el alcalde se vanagloria en un artículo reciente de las inversiones que han llegado a la ciudad, la práctica totalidad en el sector turístico. Juan Espadas identifica inversión con mejoría (o progreso), con un argumento completamente falso. Las inversiones traen mejoría para unos pocos, a los demás, la gran mayoría, no nos va mejor e incluso nos vaya peor. La irresponsabilidad de esta administración no es nueva, uno de los factores que llevaron a movilizarnos fue la sustracción de 1 millón de euros de partidas municipales para fines sociales para que la cumbre de la patronal turística, a la que cuesta 4.000 euros asistir, tuviera lugar. Esta misma semana el Ayuntamiento ha anunciado que Sevilla acogerá también la gala de entrega de premios de la gran cadena MTV, otro gran titular que deja vía libre a las élites culturales, mientras que la cultura popular de los barrios sigue perdiendo espacios donde poder desarrollarse de forma autónoma. Otro gran evento en el que las personas que habitamos Sevilla no tendremos nada que decir ni que aportar.

Los barrios periféricos y las personas de a pié seguimos olvidadas. Este desvío presupuestario, y en general la política de atraer grandes eventos, ejemplifica el modelo de negocio y de ciudad que fomentan: necesitan de las desigualdades para que fondos de inversión y empresas multinacionales sigan haciendo su agosto, a nuestra costa. Por eso nos tendrán en frente, retomando nuestros barrios y resistiendo en lo común.

 

Para conocer más, ver: https://estarsevilla.org/